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05 abril 2010

Conozca a mi primo, el chimpancé

Por Richard Dawkins
Traducido por Ferney Yesyd Rodríguez
Publicado originamente en New Scientist, 5 de junio de 1993.



La mayoría de las personas tienen la certeza que los humanos son más importantes que los simios. Pero esa presunción tiene que ver más con una doble creación de estándares que con la biología.


Señor, usted está pidiendo dinero para salvar los gorilas. Muy loable sin duda. Pero no parece habérsele ocurrido que hay miles de bebes humanos sufriendo en el mismo continente, el africano. Habrá tiempo suficiente para preocuparnos de los gorilas cuando hallamos cuidado hasta el último de esos niños. ¡Escojamos las prioridades correctas por favor!

Esta carta hipotética podría haber sido escrita prácticamente por cualquier persona bien intencionada hoy en día. Al satirizarla, no quiero decir que no sería una buena idea dar a los niños la prioridad que espero que tengan, y también sería una buena idea hacerlo de otra manera. Solo estoy intentando mostrar la naturaleza irracional y automática de la doble creación de estándares para las especies. Para muchas personas es simplemente evidente por sí mismo que los humanos somos merecedores de un trato especial.

Para volver esto más evidente, considere la siguiente variación de la misma carta:

Señor, usted está pidiendo dinero para salvar los gorilas. Muy loable sin duda. Pero no parece habérsele ocurrido que hay miles de puercos hormigueros sufriendo en el mismo continente, el africano. Habrá tiempo suficiente para preocuparnos de los gorilas cuando hallamos cuidado hasta el último de esos puercos hormigueros. Escojamos las prioridades correctas por favor!

Esta segunda carta no evitará que se haga la pregunta: "¿Qué hay tan especial en los cerdos hormigueros?" Una buena pregunta, que exigirá una respuesta satisfactoria antes de tomarnos la carta en serio. Aún así, sugiero, que la primera carta no haría a la mayoría de las personas a hacerse la pregunta equivalente: "¿Qué hay de especial con los humanos?" Como decía, no niego que esta pregunta, a diferencia de la de los cerdos hormigueros, tuviese una respuesta poderosa. Solo estoy criticando la suposición no pensada de que en el caso de los humanos la pregunta no ha surgido.


La presunción especiecista que se aprecia aquí es muy simple. Los humanos son humanos y los gorilas son animales. Se ha abierto un abismo indiscutiblemente tan grande entre ellos que la vida de un único bebe humano vale más que la vida de todos los gorilas del mundo. El valor de la vida de un animal es apenas el costo de sustitución de substitución para su propietario - o en el caso de una especie rara, para la humanidad. Pero coloque el mismo rótulo de Homo sapiens a un minúsculo pedazo, insensible de tejido embrionario, y su vida súbitamente salta a un valor infinitamente incalculable.

Esa manera de pensar caracteriza lo que quiero denominar mente discontinua. Todos concordaríamos que una mujer de 1,83 m de altura es alta, y que una mujer de 1,52 no. Palabras como "alta" y "baja" nos tienden a forzar el mundo en clases cualitativas, pero eso no significa que el mundo realmente está distribuido discontinuamente. Si usted me diese una mujer de 1,75 m de altura y se me pidiese decidir si ella debería ser llamada alta o no, yo encogería los hombros y diría: "si ella tiene 1,75 m eso ya no te dice lo que necesitas saber?" Pero una mente discontinua, para caricaturizar un poco, iría al tribunal (probablemente a un costo muy alto) para decidir si la mujer es alta o baja. De hecho, casi no es necesario decir caricatura. Por muchos años, los tribunales de África del sur han tenido un duro trabajo juzgando si individuos en particular, de ascendencia mixta, deben considerarse como blancos, negros o morenos.

La mente discontinua está en todas partes. Esta es especialmente influyente cuando concierne a los abogados y los religiosos (todos los jueces no solamente son abogados, también lo son una gran proporción de los políticos, y todos los políticos tienen que conquistar los votos de los religiosos). Recientemente, después de dar una conferencia pública, fui cuestionado por un abogado en la audiencia. El dirigió todo el peso de argucia legal confrontando un punto interesante de la evolución. Si la especie A evolucionó hasta la especie posterior B, el argumentó, debe haber un punto en que la madre pertenece a la especie A y el hijo pertenece a la nueva especie B. Los miembros de especies diferentes no se pueden cruzar. Entonces te propongo, prosiguió él, que un hijo difícilmente sería tan diferente de sus padres al punto de no poderse cruzar con los de su especie. Así, él concluyó triunfalmente, eso no es una falla fatal en la teoría de la evolución?

Un anillo alrededor del mundo

Somos nosotros los que dividimos los animales en especies discontinuas. De acuerdo con el punto de vista evolutivo de la vida, tienen que haber intermediarios, sin embargo, de forma conveniente para nuestros rituales de nomenclatura, ellos están generalmente extintos: generalmente más no siempre. El abogado quedaría sorprendido, y espero, intrigado por las así llamadas especies anillo.

El caso más conocido es la gaviota argentea (o gaviota plateada Larus argentatus) versus la gaviota de lomo oscuro (Larus fuscus). En la Gran Bretaña estas son especies claramente distintas, muy diferentes en color. Cualquiera puede diferenciarlas. Pero si usted sigue la población de gaviotas argenteas por el occidente alrededor del hemisferio norte hasta América del Norte, y entrando por Alaska a través de Siberia da vuelta a Europa, notarás un hecho curioso. La "gaviota argentea" gradualmente se torna menos parecida a las gaviotas argenteas y se vuelve más semejante a las gaviotas de lomo oscuro. 


Se descubrió que las gaviotas de lomo oscuro europeas son el otro extremo de un anillo que comenzó como gaviotas argenteas. En cada estación del largo anillo, lo pájaros son lo suficientemente semejantes a sus vecinos como para poderse cruzar con ellos, hasta que se llega al final del continuo, en Europa. En ese punto la gaviota argentea y la de lomo oscuro no se cruzan. La única cosa especial respecto a las especies anillo es que los intermediarios aún están vivos. Todas las parejas de la especies emparentadas son potencialmente especies anillo. Los intermediarios deben haber vivido algún día. Sucede que en la mayoría de los casos ahora están muertos.

La mente discontinua entrenada del abogado insiste firmemente en colocar los individuos es esta o en otra especie. Él no admite la posibilidad que un individuo puede estar en medio camino entre las dos especies, o a un décimo de camino entre la especie A y la especie B. Los partidarios autodenominados pro-vida, y otros que se dedican a debates absurdos sobre donde exactamente en su desarrollo el feto "se vuelve" humano, exhiben la misma mentalidad discontinua. Es inútil decirles a esas personas que, dependiendo de que características te interesan, un feto puede ser "medio humano" o "un centésimo humano". "Humano", para una mente discontinua, es un concepto absoluto. No puede haber termino medio. Y a partir de eso esto va mal.

El término "simios" generalmente significa chimpancés, gorilas, orangutanes, gibones y siamanes (Symphalangus syndactylus). Admitimos que somos semejantes a los simios, pero raramente percibimos que somos simios. Nuestro ancestro común con los chimpancés y los gorilas es mucho más reciente que su ancestro común con los simios asiáticos - los gibones y los orangutanes. No hay una categoría natural que incluya a los chimpancés, gorilas y orangutanes y excluya a los humanos. La artificialidad de la categoría "simios", como se entiende convencionalmente para excluir a los humanos, está representada por la Figura 1. Ese árbol genealógico muestra a los humanos en medio del denso grupo de los simios. 


Todos los grandes simios que han vivido, incluyéndonos, están ligados unos a otros por una corriente ininterrumpida de lazos padre-hijo. Lo mismo es cierto para todos los animales y plantas que han vivido, sin embargo, las distancias involucradas son mucho mayores. Las pruebas moleculares sugieren que nuestro ancestro común con los chimpancés vivió en África, entre cinco y siete millones de años atrás, digamos que hay medio millón de generaciones. Esto no es mucho para los estándares evolutivos.

A veces se organizan eventos en los cuales millares de personas se toman de las manos y forman una corriente humana, digamos de costa a costa de los Estados Unidos, en apoyo a alguna causa o institución de caridad. Vamos a imaginar colocar una cadena de esas a lo largo del ecuador, a lo ancho de nuestro continente natal. África. Es un tipo de cadena, involucrando padres e hijos, y tenemos que hacer algunos trucos con el tiempo para imaginarla. Usted se para a la orilla del Océano Indico en el sur de Somalia, mirando hacía el norte, y dando su mano izquierda a su madre. Pero a su vez ella le da su mano a la madre de ella, tu abuela, y así sucesivamente. La corriente sigue su camino por la playa, a través de la árida sabana en dirección occidente, hacía la frontera de Kenia

¿Qué tan largo tenemos que ir para descubrir el ancestro común nuestro con los chimpancés? Es un camino supremamente corto. Admitiendo cerca de una yarda por persona (N. Del T. 1 yarda = 0,91 metros), llegamos al ancestro que comparetimos con los chimpancés en menos de 300 millas (N. Del T 483 Km.). Apenas habríamos empezado a cruzar el continente; aún no estaríamos a medio camino al Gran Valle del Rift. El ancestro está bien al oriente del monte de Kenia, y asegurado en su mano una corriente entera de sus descendientes lineares, culminando con usted, de píe en la pradera somalí.

La hija cuya mano está asegurando en su mano derecha es aquella persona de la cual nosotros somos descendientes. Ahora, el archí-ancestro gira hacía el oriente, y con su mano izquierda ella toma a su otra hija, aquella de la cual los chimpancés son descendientes (o su hijo, por supuesto). Las dos hermanas se están mirando cara a cara la una a la otra, y cada una de ellas está tomada de la mano a su madre. Ahora, la segunda fila, la ancestral de los chimpancés, seguirá de la mano de su hija en una nueva corriente que se ha formado dirigiéndose en dirección a la costa. La primera prima mira a la primera prima, la segunda prima mira a la segunda prima, y así sucesivamente. Con el tiempo la doble cadena habrá llegado a la costa nuevamente, está desemboca en los chimpancés modernos. Usted está cara a cara con su prima chimpancé, y estás unido a ella por una corriente sin interrupción de manos de madres dadas a sus hijas. 


Si usted recorriese la línea por encima como un general haciendo una inspección - pasando por el Homo erectus, Homo habilis, y tal vez por el Australopithecus afarensis - y por abajo por el otro lado (los intermediarios del lado chimpancé no son mencionados porque hasta ahora no se ha encontrado ningún fósil), usted no encontraría en parte alguna una discontinuidad abrupta. Las hijas se parecen a sus madres tanto (o tan poco) como ellas siempre se asemejarán. Las madres amarían a sus hijas y sentirían afinidad con ellas, de la forma como siempre lo hacen. Y ese continuo de manos dadas, uniéndonos indeleblemente a los chimpancés es tan corto que escasamente cruza el interior de África, el continente madre.

Procreando con los eslabones perdidos


La corriente de simios africanos subdividiéndose sobre si misma, es en miniatura como el anillo de gaviotas alrededor del hemisferio norte, excepto que los intermediarios ya están muertos. El punto que quiero enfatizar es que, sin tener en cuenta la moralidad, podría ser incidental que los intermediarios. ¿Y si no lo estuviesen? Y si un grupo de especimenes intermediarios hubiese sobrevivido para ligarnos a los chimpancés modernos por una corriente, no solo de manos tomadas, sino de entrecruzamientos? Recuerdas la canción: "Bailé con un hombre, que bailó con una chica que bailó con el Príncipe de Gales? No podemos (del todo) procrear con los chimpancés modernos, pero necesitaríamos tan solo de un puñado de especimenes intermediarios para ser capaces de cantar: "Procree con un hombre, que procreo con una chica, que procreo con un chimpancé".   




Es una suerte rara que ese puñado de intermediarios no existan más ("suerte" desde un punto de vista; personalmente adoraría conocerlos). Pero en ese caso nuestras leyes y reglas morales habrían sido muy diferentes. Solo necesitaríamos conocer un único sobreviviente; digamos un Australopithecus remanente en una selva Budongo, y nuestro precioso sistema de normas y de ética sería despedazado. Las fronteras con las cuales segregamos nuestro mundo serían despedazadas. El racismo se desvanecería junto con el especiesismo en una confusión inflexible y brutal. El Apartheid, para aquellos que han creído en el, tomaría una importancia nueva y tal vez más urgente.
Pero por qué, podría preguntarse un filósofo de la moral, esto debería ser importante para nosotros? Al final, no es solamente la mente discontinua la que quiere colocar barreras en cualquier caso? Tanto que si, en el continuo de los simios que han vivido en África, los sobrevivientes dejarían un abismo conveniente entre el Homo y el Pan?.

De hecho no deberíamos, en cualquier caso, basar nuestro tratamiento a los animales en el hecho de poder o no procrear con ellos. Si queremos justificar nuestra ética de doble creación de estándares - si una sociedad concuerda que las personas deben ser tratadas mejor que, digamos las vacas (las vacas pueden ser cocinadas y comidas, las personas no) - deben haber mejores razones que las del parentesco de primos. Los humanos pueden ser taxonómicamente distantes de las vacas, pero no es más importante el hecho de que somos más inteligentes? O mejor, de acuerdo con Jeremy Bentham, los humanos pueden sufrir más que las vacas, aún si ellas lo detestarán tanto como los humanos (¿y por que rayos deberíamos suponer que no es así?), por no saber lo que están por vivir?.

Suponga que el linaje de los pulpos ha desarrollado cerebro y sentimientos comparables a los nuestros. Fácilmente podrían haberlo hecho. La mera posibilidad muestra la naturaleza accidental del parentesco de primos. Entonces, pregunta el filósofo moral, por qué enfatizar la continuidad humano/ chimpancé? Sí, en un mundo ideal probablemente presentaríamos una mejor razón que la del parentesco, para, digamos, preferir la carnivoría al canibalismo. Pero el hecho melancólico es que, en el momento, las actitudes morales de la sociedad reposan casi enteramente en el imperativo especiesista y discontinuo.

Y si alguien consigue crear un híbrido humano/ chimpancé. Puedo asegurar, sin miedo a contradicción, que las noticias sacudirían al mundo. Los obispos irían a relinchar, los abogados se deleitarían en anticipación, los políticos conservadores irían a tronar, los socialistas no sabrían donde poner las barricadas. Los científicos que hubiesen hecho tal hazaña serían apabullados por los ámbitos políticamente correctos, denunciados en el pulpito y la prensa amarillista, condenado, tal vez, por la fatwa de un ayatolá. La política nunca más sería la misma, ni la teología, la sociología, la sicología o la mayoría de las ramas de la filosofía. El mundo que sería sacudido, por tal evento incidental como una hibridización, es de hecho un mundo especiesista, dominado por la mente discontinua.

He argumentado que la laguna discontinua entre los humanos y "los simios" que levantamos en nuestras mentes es lamentable. También argumenté que, en cualquier caso, la presente posición del abismo sacrosanto es arbitraria - resultado de un accidente evolutivo. Si las contingencias de supervivencia y de extinción hubiesen sido diferentes el abismo estaría en un lugar diferente. Los principios éticos que son basados en un capricho accidental no deberían considerase como si estuviesen grabados en piedra.






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¿Para qué sirve la religión?

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Por Richard Dawkins

Como Darwiniano, el aspecto de la religión que llama mi atención es su derroche libertino, su despliegue extravagante de inutilidad barroca. La naturaleza es un contador tacaño, enviando los centavos, observando el reloj, castigando el más mínimo desperdicio. Si un animal salvaje realiza habitualmente una actividad inútil, la selección natural favorecerá a los individuos rivales que a cambio dedican tiempo a sobrevivir y a reproducirse. La naturaleza soporta jeux d'esprits frívolos. El utilitarismo rudo triunfa, aunque no parezca.

"El hormigueo (Anting)" es el hábito raro de pájaros como el arrendajo que "al bañarse" en un nido de hormigas aparentemente incita a las hormigas a invadir sus plumas. Nadie sabe a ciencia cierta cuál es el beneficio de esto: tal vez sea algo de higiene, limpieza de parásitos en las plumas. Mi punto es que la incertidumbre como propósito no-ni debe-hacer que los Darwinianos dejen de creer, con gran confianza, que el "hormigueo", debe ser bueno para algo.

La conducta religiosa en simios bípedos ocupa grandes cantidades de tiempo. Devora grandes recursos. Una catedral medieval consumía cientos de hombres y siglos en su construcción. La música sagrada y las pinturas devocionales monopolizaron enormemente el talento medieval y el del Renacimiento. Miles, talvez millones, de personas han muerto, con frecuencia aceptando primero la tortura, por la lealtad a una religión contra una alternativa que apenas se distinguía. Gente devota ha muerto por sus dioses, asesinado por ellos, ayunado por ellos, soportado azotes, llevado una vida de celibato y jurado silencio por el bien de la religión.

Aunque los detalles varían según las culturas, ninguna cultura conocida carece de una versión de los rituales religiosos del paso del tiempo, consumo de riqueza, provocación de hostilidad, pérdida de la fecundidad. Todo esto presenta un mayor rompecabezas para alguien que piensa de manera Darwiniana. Adivinamos por qué los arrendajos utilizan las hormigas. ¿No es la religión un reto similar, una afrenta a priori al Darwinismo, que requiere de una explicación análoga? ¿Por qué rezamos y cedemos en prácticas costosas que, en muchos casos individuales, más o menos consumen totalmente nuestras vidas?

Por supuesto, los cavernícolas deben ahora venir dando tumbos. La conducta religiosa es solamente un asunto Darwiniano si se extiende, no alguna anomalía extraña. Aparentemente, es universal, y el problema no se ve solamente porque los detalles cambien con las culturas. Como con el lenguaje, el fenómeno subyacente es universal, aunque se interpreta de manera diferente en diferentes regiones. No todos los individuos son religiosos, como la mayoría de los lectores de esta revista pueden atestiguar. Pero la religión es un universal humano: cada cultura, en cualquier lugar del mundo, tiene un estilo de religión que aún los no practicantes reconocen como norma para esa sociedad, así como se tiene un estilo de vestir, un estilo de cortejar y un estilo de servir la comida. ¿Para qué es buena la religión?

Hay poca evidencia de que las creencias religiosas protejan a las personas de enfermedades relacionadas con el estrés. La evidencia no es buena, pero no sería del todo tan sorprendente. Una parte no-insignificante de lo que un doctor puede darle a un paciente es consuelo y seguridad. Mi doctor no practica literalmente la imposición de manos. Pero muchas veces he sido instantáneamente sanado de alguna enfermedad menor por una voz calmada y tranquilizante de un rostro inteligente superando un estetoscopio. El efecto placebo está bien documentado. Pastillas ficticias, sin ninguna actividad farmacéutica, mejoran la salud demostrablemente. Es por eso que las pruebas de drogas utilizan placebos como controles. Es por eso que los remedios homeopáticos parecen funcionar, aunque ellos están tan diluidos que contienen la misma cantidad de ingrediente activo que el placebo de control-cero moléculas.

¿Es la religión un placebo médico, que prolonga la vida reduciendo el estrés? Talvez, aunque la teoría va a tener que aceptar el reto de los escépticos quienes señalan las muchas circunstancias en las que la religión aumenta el estrés más que lo que lo disminuye. En cualquier caso, encuentro la teoría del placebo muy exigua para tener en cuenta el fenómeno masivo o persuasivo de la religión. No pienso que tengamos la religión porque nuestros antecesores religiosos redujeron sus niveles de estrés y por lo tanto sobrevivieron más. No pienso que ésta sea una teoría lo suficientemente grande para la tarea.

Otras teorías se desvían del punto de las explicaciones Darwinianas. Me refiero a sugerencias como, "La religión satisface nuestra curiosidad acerca del universo y nuestro lugar en él." O "La religión es consuelo. La gente le teme a la muerte y están enredados en religiones que prometen que la sobreviviremos." Puede haber algo de verdad sicológica en esto, pero no es en sí misma una explicación Darwiniana. Como lo ha dicho Steven Pinker en How the Mind Works (Cómo trabaja la mente) (Penguin, 1997):
. . . sólo surge la pregunta de por qué una mente evolucionará para encontrar confort en creencias que claramente ve que son falsas. Una persona yerta no encuentra confort creyendo que está tibia; una persona cara a cara con un león no se apacigua creyendo que es un conejo. (p. 555)

Una versión Darwiniana de la teoría del miedo a la muerte tendría que ser de la manera, "La creencia en la supervivencia después de la muerte tiende a posponer el momento en el que se pone a prueba." Esto podría ser cierto o falso-talvez esta sea otra versión del estrés y de la teoría del placebo-pero no debo seguirla. Mi punto es que ésta es la clase de camino en el que un Darwiniano debe rescribir la pregunta.

Los planteamientos sicológicos al efecto de que la gente encuentre alguna creencia agradable o desagradable son aproximados, no explicaciones últimas. Como Darwiniano me preocupan las preguntas últimas.

Los Darwinianos resaltan la distinción entre próxima y última. Las preguntas próximas nos conducen a la sicología y neuroanatomía. No hay nada de malo con las explicaciones próximas. Son importantes y científicas. Pero mi preocupación son las explicaciones últimas relacionadas con lo Darwiniano. Si los neurocientíficos encuentran un "centro de dios" en el cerebro, los científicos Darwinianos como yo, queremos saber por qué el centro de dios evolucionó. ¿Por qué aquellos de nuestros antecesores quienes tuvieron una tendencia genética a que creciera un centro de dios sobrevivieron mejor que sus rivales que no lo tenían? La pregunta última Darwiniana no es una mejor pregunta, no es una pregunta más profunda, no es una pregunta más científica que la pregunta próxima neurológica. Pero es de la que hablo aquí.

Algunas últimas supuestas explicaciones pasan a ser -o son declaradas- teorías de selección de grupos. La selección de grupos es la idea controversial de que la selección Darwiniana elige entre grupos de individuos, en la misma forma que, de acuerdo con la teoría Darwiniana normal, elige entre individuos en los grupos. El antropólogo de Cambridge Colin Renfrew, por ejemplo, sugiere que la Cristiandad sobrevivió por una forma de selección por grupos ya que esto promovió la idea de la lealtad y el amor fraterno entre grupos. El evolucionista Americano David Sloan Wilson ha hecho una sugerencia similar en la Catedral de Darwin.

Este es un ejemplo, para mostrar otra forma en la cual la teoría de la selección por grupos de la religión podría funcionar. Una tribu con un "dios de las batallas" conmovedoramente beligerante gana las guerras contra una tribu cuyo dios pide paz y armonía o una tribu sin ningún dios. Los guerreros que creen que la muerte de un mártir los enviará derecho al paraíso luchan valientemente y deseosos de dar sus vidas. De modo que es más probable que su tribu sobreviva a una selección entre tribus, robe el ganado de la tribu que conquistó y tome a sus mujeres como concubinas. Esas tribus exitosas crean otras tribus hijas que salen y propagan más tribus hijas, todas venerando al mismo dios de la tribu. Note que es diferente a decir que la idea de una religión guerrera sobreviva. Claro que lo hará, pero en este caso el punto es que el grupo de personas que sostienen la idea sobreviven.





Hay objeciones formidables a las teorías de la selección de grupos. Pero debo tratar de alejarme de estas en esta columna. Los modelos matemáticos sugieren condiciones muy especiales bajo las cuales la selección de grupos puede funcionar. Podría decirse que las religiones en las tribus humanas establecen dichas condiciones especiales. Esta es una línea interesante de la teoría para seguir, pero no lo haré aquí.

¿Puede la religión ser un fenómeno reciente, que surgió desde que nuestros genes fueron sometidos a la selección natural? Su ubicuidad va contra cualquier versión simple de esta idea, No obstante, existe una versión de ésta que quiero defender. La propensión de que lo que fue naturalmente seleccionado en nuestros antecesores no fue la religión per se. Tiene otros beneficios, y solo se manifiesta incidentalmente hoy como conducta religiosa. Entenderemos esta conducta religiosa solamente después de haberla renombrado. Es natural para mí como zoologista utilizar una analogía de los animales no humanos.

La "jerarquía de dominación" fue descubierta primero como el "orden de picoteo" en las gallinas. Cada gallina aprende qué individuos puede picotear en una lucha y cuáles lo picotearán. En una jerarquía de dominación bien establecida, se puede ver una lucha poco evidente. Grupos estables de gallinas, que han tenido la oportunidad de clasificarse en un orden de picoteo, ponen más huevos que en gallineros cuya afiliación cambia continuamente. Esto puede sugerir una "ventaja" para el fenómeno de la jerarquía de dominación. Pero este no es un buen Darwinismo, ya que la jerarquía de dominación es un fenómeno a nivel de grupos. Los granjeros pueden cuidar la productividad del grupo, pero, excepto bajo condiciones muy peculiares que no aplican aquí, la selección natural no lo hace.

Para un Darwiniano, la pregunta "¿Cuál es el valor de supervivencia de la jerarquía de dominación?" no es legítima. La pregunta adecuada es, "¿Cuál es el valor de supervivencia individual de deferencia para las gallinas más fuertes? Y de castigar la falta de deferencia de las más débiles." Las preguntas Darwinianas tienen que dirigir la atención hacia el nivel en el cual las variaciones genéticas puedan existir. Las tendencias agresivas o deferentes en gallinas son un objetivo adecuado ya que ellas varían o pueden variar fácilmente genéticamente. Los fenómenos de grupos como jerarquía de dominación no varían en sí genéticamente, puesto que los grupos no tienen genes. O por lo menos usted tendría su trabajo detenido argumentando un sentido peculiar en el cual un fenómeno de grupo pudiera estar sujeto a variación genética.

Mi punto, por supuesto, es que la religión puede ser como la jerarquía de dominación. "¿Cuál es el valor de supervivencia de la religión?" puede ser la pregunta equivocada. La pregunta correcta puede ser, "¿Cuál es el valor de supervivencia tanto de una conducta individual o característica sicológica no especificada todavía, que se manifiesta, bajo circunstancias apropiadas, como de la religión?" Tenemos que rescribir la pregunta antes de responderla sensatamente.




Los Darwinianos que buscan el valor de supervivencia de la religión se están haciendo la pregunta equivocada. En cambio, nos debemos centrar en algo en la evolución de nuestros antecesores que no hubiera sido reconocido como religión, pero que está listo para ser reconocido como tal en contexto modificado de la sociedad civilizada.

Cité el orden de picoteo en las gallinas, y el punto es muy importante para mi tesis que espero que usted perdone otro ejemplo de animal. Las polillas vuelan por encima de la llama de una vela y no parece un accidente. Ellas se salen de su camino para hacer de ellas mismas una ofrenda. Podemos llamar a esto "conducta de auto inmolación" y preguntarnos cómo la selección natural Darwiniana podría favorecerla. Mi punto, de nuevo, es que necesitamos rescribir la pregunta antes de poder si quiera dar una respuesta inteligente. No es suicidio. El suicidio aparente surge como un efecto colateral inadvertido.

La luz artificial es una llegada reciente en la escena nocturna. Hasta hace poco, las únicas luces nocturnas eran la luna y las estrellas. Estando en infinidad óptica, sus rayos son paralelos, lo que los hace compases ideales. Se sabe que los insectos utilizan los objetos celestiales para guiarse con exactitud en una línea recta. El sistema nervioso de los insectos es experto en establecer una regla temporal de reconocimiento como, "Establecer un curso tal que los rayos de luz lleguen a sus ojos a un ángulo de 30°." Debido a que los insectos poseen ojos compuestos, esto sumará para favorecer un omatidio particular (tubo óptico individual que sale de la parte del centro del ojo compuesto).

Pero el compás de luz cuenta con el objeto celestial que está en la infinidad óptica. De lo contrario, los rayos no están paralelos sino que divergen como los radios de una rueda. Un sistema nervioso que utiliza una regla de 30° hacia una vela, como si fuera la luna, guiará a la polilla, en un espiral logarítmico puro, hacia la flama.

Es aún, en promedio, una buena regla. No notamos los cientos de polillas que silenciosamente y efectivamente están guiándose por la luna o una estrella luminosa o es más, por las luces de una ciudad distante. Solamente vemos polillas que se lanzan hacia nuestras luces y nos hacemos la pregunta incorrecta. ¿Por qué todas esas polillas están suicidándose? En cambio, debemos preguntarnos por qué ellas tienen sistemas nerviosos que se guían manteniendo un ángulo fijo automático hacia los rayos de luz, una táctica que sólo notamos en ocasiones cuando va mal. Cuando se replantea la pregunta, desaparece el misterio. Nunca estuvo bien llamarlo suicidio.

Una vez más aplica la lección para la conducta religiosa en humanos. Observamos gran número de personas -en muchas áreas locales suman hasta el 100 por ciento- que mantienen creencias que contradicen de lleno hechos científicos demostrables, así como a religiones rivales. Ellas no sólo sostienen estas creencias sino que dedican tiempo y recursos a actividades costosas que surgen de mantenerlas. Mueren o matan por ellas. Nos asombramos ante todo esto, así como nos maravillamos de la conducta de inmolación de las polillas. Desconcertados, nos preguntamos "¿Por qué?" Aún de nuevo, el punto es que podemos estar haciéndonos la pregunta incorrecta. La conducta religiosa puede ser una falla, una manifestación desafortunada de una propensión sicológica subyacente que en otras circunstancias fue una vez útil.

¿Qué podría haber sido esa propensión sicológica? ¿Cuál es el equivalente de utilizar los rayos paralelos de la luna como compás útil? Ofreceré una sugerencia, pero debo hacer énfasis que es sólo un ejemplo de la clase de cosas de las que estoy hablando. Estoy mucho más comprometido con la idea general de que la pregunta debe ser replanteada correctamente que con lo que estoy en dar una respuesta en particular.

Mi hipótesis específica tiene que ver con los niños. Más que otras especies, sobrevivimos debido a la experiencia acumulada de las generaciones previas. Teóricamente, los niños deben aprender de la experiencia para no nadar en aguas infestadas de cocodrilos. Pero para decir lo menos, habrá una ventaja selectiva en los cerebros de los niños con la regla: Crea lo que sus mayores le digan. Obedezca a sus padres, obedezca a los ancianos de la tribu, especialmente cuando adopten un tono solemne. Obedezca sin preguntar.

Nunca he olvidado un sermón horroroso, predicado en la capilla de mi escuela cuando era pequeño. Fue horroroso: en ese entonces, mi cerebro de niño lo aceptó como lo pretendía el predicador. Él contó la historia de un grupo de soldados, que entrenaba a lado de una línea del ferrocarril. En un momento crítico, el sargento que dirigía el entrenamiento se distrajo y olvidó dar la orden de detenerse. Los soldados que habían sido bien entrenados para obedecer órdenes sin preguntar continuaron marchando justo en la vía en la que venía un tren. Ahora, por supuesto, no creo la historia, pero lo hice cuando tenía nueve años. El punto es que el predicador quería que nosotros los niños consideráramos como virtud el servilismo de los soldados y la obediencia incuestionable hacia una orden, por demás absurda. Y, hablando por mí, pienso que lo consideramos como una virtud. Me pregunto si yo hubiera tenido el coraje de cumplir con mi deber marchando hacia el tren.

Como los soldados entrenados idealmente, los computadores hacen lo que se les dice. Ellos obedecen servilmente las instrucciones que se les den correctamente en su lenguaje de programación. Es así como realizan cosas útiles como procesar palabras y hacer hojas de cálculo. Pero, como producto inevitable, son igualmente automáticos al obedecer malas instrucciones. No tienen forma de decir si una instrucción tendrá un efecto bueno o malo. Simplemente obedecen, como se suponen que hacen los soldados.

Es su obediencia incuestionable lo que hace que un computador sea vulnerable a la infección de virus. Un programa diseñado maliciosamente que diga "Cópieme en todo nombre en cualquier lista de direcciones que encuentre en este disco duro" será obedecido sencillamente y obedecido nuevamente por otros computadores a los cuales se les envíe, de manera exponencial. Es imposible diseñar un computador que sea obediente y al mismo tiempo inmune a la infección.

Si he hecho mi trabajo bien, usted ya habrá completado el argumento acerca del cerebro de los niños y la religión. La selección natural construye los cerebros de los niños con una tendencia a creer lo que sus padres y ancianos de la tribu les digan. Y esta cualidad los hace automáticamente vulnerables a la infección. Por excelentes razones de supervivencia, los cerebros de los niños necesitan confiar en sus padres y en los ancianos a los cuales sus padres les dijeron que debían confiar. Una consecuencia automática es que "el que confía" no tiene forma de distinguir entre un buen consejo y uno malo. El niño no puede decir que "Si nada en el río será alimento de los cocodrilos" es un buen consejo pero que "El que no arriesga un huevo no tiene un pollo" es un mal consejo. Estos suenan igual. Ambos consejos vienen de fuentes confiables y están dichos con una seriedad solemne que exige respeto y requiere obediencia.

Lo mismo aplica para las proposiciones acerca del mundo, el cosmos, la moralidad y la naturaleza humana. Y, por supuesto, cuando el niño crece y tiene sus propios hijos, naturalmente les pasará toda la suerte a sus hijos utilizando las mismas sentencias impresionantes.

En este modelo, esperamos que, en diferentes regiones geográficas, diferentes creencias arbitrarias que no tienen una base real sean transmitidas, para que sean creídas con la misma convicción que los conocimientos útiles de la sabiduría tradicional tales como la creencia de que el estiércol es bueno para los cultivos. También debemos esperar que estas creencias que no están basadas en los hechos evolucionarán por generaciones, aleatoriamente o siguiendo alguna clase de analogía de la selección Darwiniana, mostrando eventualmente un patrón de divergencia significativa de los ancestros comunes. Los lenguajes se van distanciando de un origen común dado el tiempo suficiente en la separación geográfica. Igualmente verdaderas son las creencias tradicionales y los requerimientos judiciales transferidos por generaciones, inicialmente debido a la capacidad de programación del cerebro de un niño.

La selección Darwiniana establece que el cerebro en la niñez tiene una tendencia a creer en sus ancianos, a imitar, por lo tanto indirectamente a extender rumores, leyendas urbanas y a creer en religiones. Pero dado que la selección genética ha creado los cerebros para esto, entonces ellos pueden proporcionar el equivalente de una nueva clase de herencia no genética, que puede formar la base de una nueva clase de epidemiología y talvez una nueva clase de selección Darwiniana no genética. Yo creo que la religión es uno de los grupos de fenómenos explicados por esta clase de epidemiología no genética, con la posible mezcla de una selección Darwiniana no genética. Si estoy en lo correcto la religión no tiene un valor de supervivencia para los seres humanos individuales ni para el beneficio de sus genes. El beneficio si existiera no sería la religión en sí

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29 enero 2010

Haití según Richard Dawkins

http://www.firstuuomaha.org/files/Holland/2009Dawkins/TimesOnlinePhoto.jpgSabemos lo que ha causado la catástrofe en Haiti, simplemente los movimientos de la placa tectónica caribeña frotando sobre la placa norteamericana; una fuerza de la naturaleza, indiferente al pecado, no premeditada, sin motivación, supremamente indiferente hacia la miseria o cualquier asunto humano.

La mente religiosa, en cambio, busca sin descanso un significado humano en los ciegos acontecimientos naturales. Como cuando el tsunami en Indonesia, del cual se culpó a la moral perdida en los bares para turistas; o el huracán Katrina, atribuido a la venganza divina sobre la ciudad entera de Nueva Orleans por servir de escenario a una comedia lésbica, u otros desastres, remontándonos al famoso terremoto de Lisboa y más atrás. Así que la tragedia de Haiti debe ser el pago por el pecado humano. El reverendo Pat Robertson ve la mano de Dios tras el terremoto, atribuyéndolo a una terrible retribución por el pacto con los viejos ancestros de los haitianos de hoy con el diablo que les permitió liberarse de la colonización francesa.

No hace falta decir que creyentes algo más amables se echan las manoz a la cabeza por las palabras de Robertson, tal y como rechazaron las de otros pastores, evangelistas, misioneros y mullahs en tiempos de desastres previos.

Qué hipocresía.

Tan repugnantes como son los puntos de vista de Robertson, él es en cambio el cristiano que se pliega a la tradición cristiana. Esos agónicos teístas que ven el sufrimiento como una miseria intratable y a Dios en la ayuda, el dinero y los bienes que ayora fluyen sobre Haiti, o —lo más nauseabundo de todo— proclaman estar viendo a su Dios sufriendo en la cruz sobre las ruinas de Puerto Príncipe. Esos afligidos hipócritas niegan la piedra angular de su propia teología. Es el obsceno Pat Robertson el auténtico cristiano aquí.

¿Donde se metía Dios durante la inundación de Noé? Sistemáticamente hundiendo bajo las aguas al mundo entero, animales y humanos, como castigo por sus pecados. ¿Y mientras Sodoma y Gomorra se consumían por el fuego y el azufre? Deliberadamente pasando por la barbacoa a la ciudadanía y sus bienes como castigo por los mismos pecados. Queridos cristianos modernos, ilustrados y teológicamente sofisticados; vuestra religión está basada en una obsesión por el pecado, por el castigo y la expiación. ¿Dónde están vuestros argumentos para condenar a Pat Robertson, vosotros que habéis firmado la obscena doctrina de que el propósito central del nacimiento de Jesús era torturarse a sí mismo como cabeza de turco por los pecados de toda la humanidad, pasada presente y futura, empezando por el pecado de Adan quien —como cualquier teólogo moderno sabe— en realidad nunca existió? Por citar al presidente de un seminario teológico, escribiendo en esas mismas páginas.

«El terremoto en Haiti, como cualquier otro desastre en el planeta, nos recuerda que la creación gruñe bajo el peso del pecado y el juicio de Dios. Esto es tan cierto para cada célula de nuestro cuerpo como para la corteza terrestre en cada lugar del globo.»

Vosotros amables teólogos y clérigos en mitado del camino, seguid balando tan bien vestidos en vuestros púlpitos, renunciando la sugerencia de Pat Robertson de que los haitianos están pagando por su pacto con el diablo. Pero seguid adorando a un hombre quien —tal y como decís a vuestras congregaciones aunque ni vosotros lo creáis— «expulsaba demonios». Incluso creéis —o no corregís a vuestras multitudes cuando lo creen— que Jesús curó a un loco haciendo que los demonios dentro de él volasen sobre una manada de cerdos y los abalanzara sobre un precipicio. Una historia encantadora, calculada para inspirar y subir el ánimo en la lectura del domingo y en las clases para los niños. La mención de Robertson puede sonar absurda, pero porque no es más que un aficionado en ese juego. Sólo lee tu propia Biblia. Pat Robertson es fiel a ella. ¿Y tú?

Querido apologista educado, ¿cómo te atreves a derramar tus lágrimas cristianas cuando tu teología es al completo una celebración del sufrimiento como pago por el pecado o expiación por él? Puedes llorar por Haiti cuando Robertson no lo hace pero, al menos, en su ignorancia pueblerina, sostiene un espejo honesto mostrando la fealdad de la teología cristiana. No eres más que un hipócrita tal y como lo define la Biblia.


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18 diciembre 2009

150 Años de "El Origen de las Especies"




En Noviembre de 1859 se escribió el libro "El Origen de las Especies por medio de la Selección Natural o la preservación de las razas favorecidas en la lucha de la vida" fue publicado por el naturalista británico Charles Darwin. Esta obra generó un gran impacto en el conocimiento humano por tres razones

1. Unificó la biología. La teoría de la evolución es aplicable desde las bacterias hasta las ballenas. Junto con la biología celular y la genética darían base para hacer de la biología una ciencia con paradigmas propios. La selección natural logró emancipar la biología de lo sobrenatural, superando la etapa de teleología natural. Al hacer de los orígenes un tema material, la biología entró a hacer ciencia dejando de lado las explicaciones facilistas de "Dios lo quizo así", propias de la religión, y que no permiten mayor indagación.

2. Superó el antropocentrismo. El Origen pone a la especie humana como una más de la naturaleza. Sin embargo, los biólogos posteriores a Darwin duraron tiempo en digerirlo. Incluso en mismo Wallace -codescubridor de la selección natural- no creia que el origen humano su pudiera explicar sin una deidad.

3. El mundo dejo de considerarse como estático, y mostró que el cambio es un elemento de la naturaleza. Esta idea "importada" de la geología afectaría la filosofía de la ciencia y el pensamiento en general.

Muchos religiosos, acostumbrados a demonizar todo lo que les es cotrario, han hecho de Darwin, su legado y la biología evolutiva en general un temible enemigo. Sin emabrgo, la mayoría de los creacionistas que con tanto furor se oponen a la teoría de la evolución nunca han leido la obra de Darwin. Hacerlo es una delicia para los naturalistas. No deja de sorprender el detalle que revelan sus observaciones del mundo natural. Orquídeas, percebes, palomas, coles, tréboles, moluscos, y una cantidad de organismos fueron estudiados al detalle. Darwin tuvo el genio -uno de esos que tan pocos ve el mundo- de tomar una cantidad de datos de la naturaleza, y mostrar como estos revelaban el origen común de las especies, y la selección natural como mecanismo evolutivo.

A continuación un mini documental de la serie "El Genio de Charles Darwin."
Para ver video, clic en "Ver Publicacion Original"







04 noviembre 2009

Carta a una Hija

Querida Juliet:

    Ahora que has cumplido 10 años, quiero escribirte acerca de una cosa que para mí es muy importante. ¿Alguna vez te has preguntado cómo sabemos las cosas que sabemos? ¿Cómo sabemos, por ejemplo, que las estrellas que parecen pequeños alfilerazos en el cielo, son en realidad gigantescas bolas de fuego como el Sol, pero que están muy lejanas? ¿Y cómo sabemos que la Tierra es una bola más pequeña, que gira alrededor de esas estrellas, el Sol?La respuesta a esas preguntas es “por la evidencia”. A veces,“evidencia” significa literalmente ver (u oír, palpar, oler) que una cosa es cierta. Los astronautas se han alejado de la Tierra lo suficiente como para ver con sus propios ojos que es redonda. Otras veces, nuestros ojos necesitan ayuda. El “lucero del alba” parece un brillante centelleo en el cielo, pero con un telescopio podemos ver que se trata de una hermosa esfera: el planeta que llamamos Venus. Lo que aprendemos viéndolo directamente (u oyéndolo, palpándolo, etc.) se llama “observación”.

   Muchas veces, la evidencia no sólo es pura observación, pero siempre se basa en la observación. Cuando se ha cometido un asesinato, es corriente que nadie lo haya observado (excepto el asesino y la persona asesinada). Pero los investigadores pueden reunir otras muchas observaciones, que en un conjunto señalen a un sospechoso concreto. Si las huellas dactilares de una persona coinciden con las encontradas en el puñal, eso demuestra que dicha persona lo tocó. No demuestra que cometiera el asesinato, pero además pueda ayudar a demostrarlo si existen otras muchas evidencias que apunten a la misma persona. A veces, un detective se pone a pensar en un montón de observaciones y de repente se da cuenta que todas encajan en su sitio y cobran sentido si suponemos que fue Fulano el que cometió el asesinato.

    Los científicos -especialistas en descubrir lo que es cierto en el mundo y el Universo- trabajan muchas veces como detectives. Hacen una suposición (ellos la llaman hipótesis) de lo que podría ser cierto. Y a continuación se dicen: si esto fuera verdaderamente así, deberíamos observar tal y cual cosa. A esto se llama predicción. Por ejemplo si el mundo fuera verdaderamente redondo, podríamos predecir que un viajero que avance siempre en la misma dirección acabará por llegar a mismo punto del que partió. Cuando el médico dice que tienes sarampión, no es que te haya mirado y haya visto el sarampión. Su primera mirada le proporciona una hipótesis: podrías tener sarampión. Entonces, va y se dice: “Si de verdad tiene el sarampión, debería ver….” y empieza a repasar toda su lista de predicciones, comprobándolas con los ojos (¿tienes manchas?), con las manos (¿tienes caliente la frente?) y con los oídos (¿te suena el pecho como suena cuando se tiene el sarampión?). Sólo entonces se decide a declarar “Diagnóstico que la niña tiene sarampión”. A veces, los médicos necesitan realizar otras pruebas, como análisis de sangre o rayos x, para complementar las observaciones hechas con sus ojos, manos y oídos.

    La manera en que los científicos utilizan la evidencia para aprender cosas del mundo es tan ingeniosa y complicada que no te la puedo explicar en una carta tan breve. Pero dejemos por ahora la evidencia, que es una buena razón para creer algo, porque quiero advertirte en contra de tres malas razones para creer cualquier cosa: se llaman “tradición”, “autoridad” y “revelación”.

    Empecemos por la tradición. Hace unos meses estuve en televisión, charlando con unos 50 niños. Estos niños invitados habían sido educados en diferentes religiones: había cristianos, judíos, musulmanes, hindúes, sijs… El presentador iba con el micrófono de niño en niño, preguntándoles lo que creían. Lo que los niños decían demuestra exactamente lo que yo entiendo por “tradición”. Sus creencias no tenían nada que ver con la evidencia. Se limitaban a repetir las creencias de sus padres y de sus abuelos, que tampoco estaban basadas en ninguna evidencia. Decían cosas como “los hindúes creemos tal y cual cosa”, “los musulmanes creemos esto y lo otro”, “los cristianos creemos otra cosa diferente”.

    Como es lógico, dado que cada uno creía cosas diferentes, era imposible que todos tuvieran razón. Por lo visto, al hombre del micrófono esto le parecía muy bien, y ni siquiera los animó a discutir sus diferencias. Pero no es esto lo que me interesa de momento. Lo que quiero es preguntar de dónde habían salido sus creencias. Habían salido de la tradición. La tradición es la transmisión de creencias de los abuelos a los padres, de los padres a los hijos, y así sucesivamente. O mediante libros que se siguen leyendo durante siglos. Muchas veces, las creencias tradicionales se originan casi de la nada: es posible que alguien las inventara en algún momento, como tuvo que ocurrir con las ideas de Thor y Zeus; pero cuando se han transmitido durante unos cuantos siglos, el hecho mismo de que sean muy antiguas las convierte en especiales. La gente cree ciertas cosas sólo porque mucha gente ha creído lo mismo durante siglos. Eso es la tradición.

    El problema con la tradición es que, por muy antigua que sea una historia, es igual de cierta o de falsa que cuando se inventó la idea original. Si te inventas una historia que no es verdad, no se hará más verdadera porque se trasmita durante siglos, por muchos siglos que sean.

    En Inglaterra, gran parte de la población ha sido bautizada en la Iglesia Anglicana, que no es más que una de las muchas ramas de la religión cristiana. Existen otras ramas, como la ortodoxa rusa, la católica romana y la metodista. Cada una cree cosas diferentes. La religión judía y la musulmana son un poco más diferentes, y también existen varias clases distintas de judíos y de musulmanes. La gente que cree una cosa está dispuesta a hacer la guerra contra los que creen cosas ligeramente distintas, de manera que se podrá pensar que tienen muy buenas razones -evidencias- para creer lo que creen. Pero lo cierto es que sus diferentes creencias se deben únicamente a diferentes tradiciones.



    Vamos a hablar de una tradición concreta. Los católicos creen que María, la madre de Jesús, era tan especial que no murió, sino que fue elevada al cielo con su cuerpo físico. Otras tradiciones cristianas discrepan, diciendo que María murió como cualquier otra persona. Estas otras religiones no hablan mucho de María, ni la llaman “Reina del cielo”, como hacen los católicos. La tradición que afirma que el cuerpo de María fue elevado al cielo no es muy antigua. La Biblia no dice nada de cómo o cuándo murió; de hecho, a la pobre mujer apenas se la menciona en la Biblia. Lo de que su cuerpo fue elevado a los cielos no se inventó hasta unos seis siglos después de Cristo. Al principio, no era más que un cuento inventado, como Blancanieves o cualquier otro. Pero con el paso de los siglos se fue convirtiendo en una tradición y la gente empezó a tomársela en serio, sólo porque la historia se había ido transmitiendo a lo largo de muchas generaciones. Cuanto más antigua es una tradición, más en serio se la toma la gente. Y por fin, en tiempos muy recientes, se declaró que era una creencia oficial de la Iglesia Católica: esto ocurrió en 1950, cuando yo tenía la edad que tienes tú ahora. Pero la historia no era más verídica en 1950 que cuando se inventó por primera vez, seiscientos años después de la muerte de María.

    Al final de esta carta volveré a hablar de la tradición, para considerarla de una manera diferente. Pero antes tengo que hablarte de la otras dos malas razones para creer una cosa: la autoridad y la revelación.

    La autoridad, como razón para creer algo, significa que hay que creer en ello porque alguien importante te dice que lo creas. En la Iglesia Católica, por ejemplo, la persona más importante es el Papa, y la gente cree que tiene que tener razón sólo porque es el Papa. En una de las ramas de la religión musulmana, las personas más importantes son unos ancianos barbudos llamados ayatolás. En nuestro país hay muchos musulmanes dispuestos a cometer asesinatos sólo porque los ayatolás de un país lejano les dicen que lo hagan.

    Cuando te decía que en 1950 se dijo por fin a los católicos que tenían que creer en la asunción a los cielos del cuerpo de María, lo que quería decir es que en 1950 el Papa les dijo que tenían que creer en ello. Con eso bastaba. ¡El Papa decía que era verdad, luego tenía que ser verdad! Ahora bien, lo más probable es que, de todo lo que dijo el Papa a lo largo de su vida, algunas cosas fueron ciertas y otras no fueron ciertas. No existe ninguna razón válida para creer que todo lo que diga sólo porque es el Papa, del mismo modo que no tienes por qué creer todo lo que te diga cualquier otra persona. El Papa actual ha ordenado a sus seguidores que no limiten el número de sus hijos. Si la gente sigue su autoridad tan ciegamente como a él le gustaría, el
    resultado sería terrible: hambre, enfermedades y guerras provocadas por la sobrepoblación.

    Por supuesto, también en la ciencia ocurre a veces que no hemos visto personalmente la evidencia, y tenemos que aceptar la palabra de alguien. Por ejemplo, yo no he visto con mis propios ojos ninguna prueba de que la luz avance a una velocidad de 300.000 kilómetros por segundo, sin embargo, creo en los libros que me dicen la velocidad de la luz. Esto podría parecer “autoridad” pero en realidad es mucho mejor que la autoridad, porque la gente que escribió esos libros sí que había observado la evidencia, y cualquiera puede comprobar dicha evidencia siempre que lo desee. Esto resulta muy reconfortante. Pero ni siquiera los sacerdotes se atreven a decir que exista alguna evidencia de su historia acerca de la subida a los cielos del cuerpo de María.

    La tercera mala razón para creer en las cosas se llama “revelación”. Si en 1950 le hubieras podido preguntar al Papa cómo sabía que el cuerpo de María había ascendido al cielo, lo más probable es que te hubiera respondido que “se le había revelado”. Lo que hizo fue encerrarse en su habitación y rezar pidiendo orientación. Había pensado y pensado, siempre solo, y cada vez se sentía más convencido. Cuando las personas religiosas tienen la sensación interior de que una cosa es cierta, aunque no exista ninguna evidencia de que sea así, llaman a esa sensación “revelación”. No sólo los Papas aseguran tener revelaciones. Las tienen montones de personas de todas las religiones, y es una de las principales razones por las que creen las cosas que creen. Pero ¿es una buena razón?

    Supón que te digo que tu perro ha muerto. Te pondrías muy triste y probablemente me preguntarías: “¿Estás seguro? ¿Cómo lo sabes? ¿Cómo ha sucedido?” y supón que yo te respondo: “En realidad no sé que Pepe ha muerto. No tengo ninguna evidencia. Pero siento en mi interior la curiosa sensación de que ha muerto”. Te enfadarías conmigo por haberte asustado, porque sabes que una “sensación” interior no es razón suficiente para creer que un lebrel ha muerto. Hacen falta pruebas. Todos tenemos sensaciones interiores de vez en cuando, y a veces resulta que son acertadas y otras veces no lo son. Está claro que dos personas distintas pueden tener sensaciones contrarias, de modo que ¿cómo vamos a decidir cuál de las dos acierta? La única manera de asegurarse que un perro está muerto es verlo muerto, oír que su corazón se ha parado, o que nos lo cuente alguien que haya visto u oído alguna evidencia real de que ha muerto.

    A veces, la gente dice que hay que creer en las sensaciones internas, porque si no, nunca podrás confiar en cosas como “mi mujer me ama”. Pero éste es un mal argumento. Puedes encontrar abundantes pruebas de que alguien te ama. Si estás con alguien que te quiere, durante todo el día estarás viendo y oyendo pequeños fragmentos de evidencia, que se van sumando. No se trata de una pura sensación interior, como la que los sacerdotes llaman revelación. Hay datos exteriores que confirman la sensación interior: miradas en los ojos, entonaciones cariñosas en la voz, pequeños favores y amabilidades; todo eso es autentica evidencia.

    A veces, una persona siente una fuerte sensación interior de que alguien la ama sin basarse en ninguna evidencia, y en estos casos lo más probable es que esté completamente equivocada. Existen personas con una firme convicción interior de que una famosa estrella de cine las ama, aunque en realidad la estrella siquiera las conoce. Esta clase de personas tienen la mente enferma. Las sensaciones interiores tienen que estar respaldadas por evidencias; si no, no podemos fiarnos de ellas.

    Las intuiciones resultan muy útiles en la ciencia, pero sólo para darte ideas que luego hay que poner a prueba buscando evidencias. Un científico puede tener una “corazonada” acerca de una idea que, de momento, sólo “le parece” acertada. En sí misma, ésta no es una buena razón para creer nada; pero sí que puede razón suficiente para dedicar algún tiempo a realizar un experimento concreto o buscar pruebas de una manera concreta. Los científicos utilizan constantemente sus sensaciones interiores para sacar ideas; pero estas ideas no valen nada si no se apoyan con evidencias.

    Te prometí que volveríamos a lo de la tradición, para considerarla de una manera distinta. Me gustaría intentar explicar por qué la tradición es importante para nosotros. Todos los animales están construidos (por el proceso que llamamos evolución) para sobrevivir en el lugar donde su especie vive habitualmente. Los leones están equipados para sobrevivir en las llanuras de África. Los cangrejos de río están construidos para sobrevivir en agua salada. También las personas somos animales, y estamos construidos para sobrevivir en un mundo lleno de… otras personas. La mayoría de nosotros no tienen que cazar su propia comida, como los leones y los bogavantes; se las compramos a otras personas, que a su vez se la compraron a otras. Nadamos en un “mar de gente”. Lo mismo que el pez necesita branquias para sobrevivir en el agua, la gente necesita cerebros para poder tratar con otra gente. El mar de está lleno de agua salada, pero el mar de gente está lleno de cosas difíciles de aprender. Como el idioma.

    Tú hablas inglés, pero tu amiga Ann-Kathrin habla alemán. Cada una de vosotras habla el idioma que le permite hablar en su “mar de gente”. El idioma se transmite por tradición. No existe otra manera. En Inglaterra, tu perro Pepe es a dog. En Alemania, es ein Hund. Ninguna de estas palabras es más correcta o más verdadera que la otra. Las dos se transmiten de manera muy simple. Para poder nadar bien en su propio “mar de gente”, los niños tienen que aprender el idioma de su país y otras muchas cosas acerca de su pueblo; y esto significa que tienen que absorber, como si fuera papel secante, una enorme cantidad de información tradicional (Recuerda que “información tradicional” significa, simplemente, cosas que se transmiten de abuelos a padres y de padres a hijos.) El cerebro del niño tiene que absorber toda esta información tradicional, y no se puede esperar que el niño seleccione la información buena y útil, como las palabras del idioma, descartando la información falsa o estúpida, como creer en brujas, en diablos y en vírgenes inmortales.

    Es una pena, pero no se puede evitar que las cosas sean así. Como los niños tienen que absorber tanta información tradicional, es probable que tiendan a creer todo lo que los adultos les dicen, sea cierto o falso, tengan razón o no. Muchas cosas que los adultos les dicen son ciertas y se basan en evidencias, o, por lo menos en el sentido común. Pero si les dicen algo que sea falso, estúpido o incluso maligno, ¿cómo pueden evitar que el niño se lo crea también? ¿Y que harán esos niños cuando lleguen a adultos? Pues seguro que contárselo a los niños de la siguiente generación. Y así, en cuanto la gente ha empezado a creerse una cosa -aunque sea completamente falsa y nunca existan razones para creérsela-, se puede seguir creyendo para siempre.

    ¿Podría ser esto lo que ha ocurrido con las religiones? Creer en uno o varios dioses, en el cielo, en la inmortalidad de María, en que Jesús no tuvo un padre humano, en que las oraciones son atendidas, en que el vino se transforma en sangre…, ninguna de estas creencias está respaldada por pruebas auténticas. Sin embargo, millones de personas las creen, posiblemente porque se les dijo que las creyeran cuando todavía eran suficientemente pequeñas como para creerse cualquier cosa.

    Otros millones de personas creen en cosas diferentes, porque se les dijo que creyesen en ellas cuando eran niños. A los niños musulmanes se les dice cosas diferentes de las que se les dicen a los niños cristianos, y ambos grupos crecen absolutamente convencidos de que ellos tienen razón y los otros se equivocan. Incluso entre los cristianos, los católicos creen cosas diferentes de las que creen los anglicanos, los episcopalianos, los shakers, los cuáqueros, los mormones o los holly rollers, y todos están absolutamente convencidos de que ellos tienen razón y los otros están equivocados. Creen cosas diferentes exactamente por las mismas razones por las que tú hablas inglés y tu amiga Ann-Kathrin habla alemán. Cada una de los dos idiomas es el idioma correcto en su país. Pero de las religiones no se puede decir que cada una de ellas sea la correcta en su propio país, porque cada religión afirma cosas diferentes y contradice a las demás. María no puede estar viva en la católica Irlanda del Sur y muerta en la protestante Irlanda del Norte.

    ¿Qué se puede hacer con todo esto? A ti no te va a resultar fácil hacer nada, porque sólo tienes 10 años. Pero podrías probar una cosa: la próxima vez que alguien te diga algo que parezca importante piensa para tus adentros: “¿Es ésta una de esas cosas que la gente suele creer basándose en evidencias? ¿O es una de esas cosas que la gente cree por la tradición, autoridad o revelación?” Y la próxima vez que alguien te diga que una cosa es verdad, prueba a preguntarle “¿Qué pruebas existen de ello?” Y si no pueden darte una respuesta, espero que te lo pienses muy bien antes de creer una sola palabra de lo que te digan.

  
Te quiere,
    Papá.



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Richard Dawkins

        Richard Dawkins es un eminente teorista evolucionario y etólogo (experto en comportamiento animal), actual Profesor de la Cátedra Charles Simonyi para el Entendimiento Público de la Ciencia de la Universidad de Oxford, Inglaterra, cargo que ha ocupado desde 1995. El Wall Street Journal dijo que “Su pasión está sustentada por una asombrosa capacidad literaria”. The New York Times Book Review lo ha alabado como el escritor que: “entiende los asuntos tan claramente que obliga a su lector a entenderlos también”. Richard Dawkins es también el autor de los siguientes libros: The Ancestor’s Tale (El Relato del Antepasado); The Selfish Gene (El Gen Egoísta); The Extended Phenotype (El Fenotipo Extendido); The Blind Watchmaker (El Relojero Ciego); River Out Of Eden (Río Saliendo del Edén); Climbing Mount Improbable (Escalando la Montaña Improbable); Unweaving the Rainbow (Destejiendo el Arco iris), y A Devil’s Chaplain (Un Capellán del Diablo).

Publicado en 2006 en Gran Bretaña por Bantam Press

Una División de Transworld Publishers; Boston y Nueva York

18 octubre 2009

El Espejismo de Dios - Richard Dawnkins / Libro completo

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La refutación de las pruebas de la existencia de Dios, la explicación racional al fenómeno de la religión así como el impacto negativo de la religión sobre la educación de los niños son otros de los temas tratados en el libro. El tema central es la defensa de la posibilidad de llevar una vida plena y feliz sin creer en Dios.
Dawkins afirma la irracionalidad de la creencia en Dios y el penoso daño que la religión ha infligido a la sociedad, desde Las Cruzadas hasta el 11-S. Con rigor e ingenio examina a Dios en todas sus formas, desde el tirano obsesionado por el sexo del Antiguo Testamento, hasta el benigno relojero celestial favorecido por algunos pensadores de la Ilustración. Disecciona los principales argumentos de la religión y demuestra la suprema improbabilidad de un ser supremo. Muestra cómo la religión alienta las guerras, fomenta el fanatismo y el abuso infantil, apuntando sus ideas con evidencias históricas y contemporáneas.

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16 octubre 2009

La Improbabilidad de Dios - Richard Dawkins / Artículo completo virtual

14 septiembre 2009

La Apuesta Pascal

El gran matemático francés Blaise Pascal, reconoció que; a pesar de lo grande que puedan ser las posibilidades de la existencia de Dios, existe una asimetría aún mayor en el castigo por equivocarse.

Es mejor que usted crea en Dios, porque si usted tiene razón tiene posibilidades de ganarse la felicidad eterna; mientras que si usted no cree en Dios, y se equivoca, usted se gana la condena eterna; mientras que si tiene razón no existirá ninguna diferencia. Frente a eso, la decisión no es ningún rompecabezas: Crea en Dios.

Existe algo característicamente extraño sobre este argumento; sin embargo. Creer no es algo que usted pueda decidir adoptar como su política. Por lo menos no es algo que yo pueda decidir voluntariamente. Yo puedo decidir asistir a la iglesia y puedo decidir recitar el Credo Niceno; y puedo decidir jurar sobre una pila de Biblias que yo creo en cada palabra que hay en ellas. Pero nadie puede realmente hacerme creer, si yo no creo. La apuesta de Pascal solo podrá por siempre ser un argumento para fingir la creencia en Dios. Y el Dios en el cual usted afirme creer; es mejor que no sea del tipo que posea sabiduría eterna; o él verá a través de su engaño. La risible idea de que creer, es algo que usted puede decidir hacer, es el objeto de una deliciosa burla por parte de Douglas Adams en Dirk Gently’s Holistic Detective Agency, (Agencia Holistica de Detectives de Dirk Gently), donde nosotros conocemos al Monje Eléctrico robótico; un aparato diseñando para ahorrar en mano de obra, que usted compra, para que “crea por usted”. El modelo de lujo, es anunciado como: “Capaz de que creer en cosas que no creerían en Salt Lake City”[1].

Pero ¿Porqué; en cualquier caso, aceptamos tan rápidamente que la cosa que usted debe hacer si quiere complacer a Dios es creer en él? ¿No es igualmente probable que Dios recompense la bondad, la generosidad o la humildad? ¿O la sinceridad?. ¿Y qué si Dios es un científico que considera a la honestidad en la búsqueda de la verdad como la virtud suprema? De hecho, ¿No tendría que ser el diseñador del universo, un científico? A Bertrand Russell se le preguntó qué diría él si muriese y se hallase confrontando a Dios; quien demanda saber porqué Russell no había creído en él. “No había suficiente evidencia; Dios, no había suficiente evidencia”, fue la respuesta (casi digo inmortal) de Russell. ¿No respetaría más Dios a Russell por su valiente escepticismo (sin olvidar el valiente pacifismo que lo llevó a prisión durante la Primera Guerra Mundial), mucho más de lo que respetaría a Pascal por cobardemente apostar para minimizar sus pérdidas? Y, mientras nosotros no podemos saber hacia qué lado saltaría Dios, nosotros no necesitamos saberlo para refutar la apuesta de Pascal. Estamos hablando de una apuesta; recuerde, y Pascal no estaba afirmando que su apuesta disfrutaba sólo de altas probabilidades a su favor. ¿Apostaría usted que Dios valora una deshonesta creencia fingida (o hasta una honesta creencia) más que un escepticismo honesto?

De nuevo, suponga que el dios que lo confronta a usted cuando usted muera resulta ser Baal; y suponga que Baal es tan celoso como se decía que era su viejo rival Yaweh. ¿No podría Pascal haber salido mejor apostando a favor de ningún dios que a favor del dios equivocado? De hecho, ¿La enorme cantidad de dioses y diosas potenciales sobre los cuales uno podría apostar no invalida toda la lógica de Pascal? Pascal probablemente estaba bromeando cuando promovió su apuesta; en la misma forma en la cual yo estoy bromeando para refutarla. Pero yo he encontrado a personas; por ejemplo, en la sección de preguntas luego de una conferencia, que seriamente han promovido la apuesta de Pascal como un argumento a favor de creer en Dios; así que fue correcto sacarla brevemente al aire aquí.

¿Es posible; finalmente, argumentar a favor de una apuesta anti-Pascal? Suponga que nosotros garantizamos que existe un pequeño chance de que Dios exista. Aún así, puede ser dicho que usted vivirá una vida mejor y más completa si usted apuesta a su no existencia en vez de a su existencia, y en consecuencia derrocha su precioso tiempo en adorarlo, sacrificándose por él, peleando y muriendo por él, etc. No trataré el asunto aquí; pero a los lectores podría gustarle tenerlo en mente cuando lleguemos a otros capítulos sobre las malvadas consecuencias que pueden surgir de la creencia y la observancia religiosa.


[1] [ Acotación del Traductor: Salt Lake City es la capital y la ciudad más poblada del estado de Utah en los Estados Unidos de América—178 097 habitantes en 2005; según el oficial Buró del Censo—y sede del mayor templo de la Iglesia de Jesús Cristo de los Santos de los Últimos Días, mejor conocida como la iglesia de Mormón. Fuente: Wikipedia]

13 septiembre 2009

¿Porqué somos buenos?

Extraña es nuestra situación aquí en la Tierra. Cada uno de nosotros viene por una corta visita, sin saber porqué. Aún así, algunas veces pareciendo descubrir un propósito. Desde el punto de vista de la vida diaria; sin embargo, existe algo que nosotros sí sabemos: el hombre está aquí por otros hombres—sobre todo por aquellos de cuyas sonrisas y bienestar depende nuestra propia felicidad.

ALBERT EINSTEIN

Muchas personas religiosas encuentran difícil imaginar cómo; sin religión, uno puede ser bueno; o hasta desearía ser bueno. Discutiré este asunto en este capítulo. Pero las dudas van más allá; y conducen a algunas personas religiosas a paroxismos de odio en contra de aquellos que no comparten su fe. Esto es importante; debido a las consideraciones morales que yacen escondidas tras las actitudes religiosas hacia otros tópicos que no tienen una conexión real con la moralidad.

Una gran parte de la oposición a la enseñanza de la evolución no tiene ninguna conexión con la misma evolución; o con cualquier cosa científica; sino que es motivada por una inaceptable violación de la moralidad. Ésta varía desde la ingenuidad que afirma: “Si usted le enseña a los niños que ellos evolucionaron de los monos, se comportarán como monos”, hasta la más sofisticada subyacente motivación de la totalidad de la “estrategia de cuña” del “diseño inteligente”, como es inmisericordemente expuesto crudamente por Barbara Forrest en: Caballo de Troya del Creacionismo: La Cuña del Diseño Inteligente.

Yo recibo una gran cantidad de cartas de los lectores de mis libros[1] la mayoría de ellas entusiasmadamente amigables; algunas de ellas útilmente críticas; y unas pocas malvadas y hasta viciosas. Y las más malvadas de todas; lamento reportar, son casi invariablemente motivadas por la religión. Tal abuso no-cristiano es comúnmente experimentado por aquellos que son percibidos como enemigos del cristianismo. Aquí; por ejemplo, está una carta publicada en la internet y dirigida a Brian Flemming, autor y director de la película: El Dios Que No Estaba Allí [2] Una película sincera y conmovedora que defiende el ateísmo. Titulada: “Quémate mientras nosotros reímos” y fechada 21 de diciembre de 2005, la carta a Flemming dice lo siguiente:

Ustedes definitivamente si tienen riñones. Me encantaría tomar un cuchillo; destriparlos a ustedes, tontos, y pegar un alarido de felicidad mientras vuestras entrañas se derraman frente a ustedes. Ustedes están tratando de encender una guerra religiosa en la cual algún día; yo y otros como yo, podríamos tener el placer de llevar a cabo la acción mencionada arriba.

El escritor; en este punto, parece llegar a un tardío reconocimiento de que su lenguaje no es muy cristiano, porque continúa más caritativamente:

Sin embargo; DIOS nos enseña a no buscar venganza, y a rezar por personas como todos ustedes.

Su caridad; sin embargo, es de corta duración:

Me sentiré consolado sabiendo que el castigo que DIOS les impondrá será mil veces peor que cualquier cosa que yo pueda infligirles. La mejor parte es que ustedes SUFRIRÁN por toda la eternidad por estos pecados sobre los cuales ustedes son totalmente ignorantes. La ira de DIOS no mostrará clemencia. Por vuestro beneficio; tengo esperanzas de que la verdad les sea revelada a ustedes antes de que el cuchillo se conecte a vuestra carne. ¡¡¡Feliz NAVIDAD!!!

Post Data: Ustedes; gente, no tienen ni idea de lo que les espera...Le doy gracias a DIOS porque yo no soy ustedes.

Yo encuentro genuinamente desconcertante que una mera diferencia de opinión teológica pueda generar tal veneno. Aquí está una muestra (se conserva la ortografía original) del buzón de correos del Editor de la revista Freethought Today, publicada por la Fundación para la Librarnos de la Religión (FFRF), que hace campañas pacíficas contra la socavación de la separación entre la iglesia y el estado:

Hello, cheese-eating scumbags. Their are way more of us Christians than you losers. Their is NO separation of church and state and you heathens will lose…[Este párrafo contiene varios errores ortográficos]

Hola, bolsas de borra comedores de queso. Existen muchos más de nosotros cristianos que ustedes perdedores. NO existe separación entre la iglesia y el estado y ustedes inconversos perderán...

¿Porqué mencionan al queso? Amigos estadounidenses me sugirieron una conexión con el notoriamente liberal estado de Wisconsin—sede de la FFRF y centro de la industria láctea—pero seguramente debe haber algo más conectado a ello. Y ¿Qué hay sobre esos franceses: “monos de la rendición comedores de queso”, ¿Cuál es la iconografía semiótica del queso?.

Para continuar:

Borra adoradora de Satán...Por favor muéranse y váyanse al infierno ... Espero que se contagien de una dolorosa enfermedad como un cáncer rectal y tengan una muerte dolorosa; para que se reúnan con vuestro Dios, SATÁN...Mira chamo, esta liberación de la religión apesta...Así que ustedes maricones y lesbianas tómenlo con calma y vigilen dondequiera que vayan, porque cuando menos lo esperen los agarraremos...Si a ustedes no les gusta este país y en lo que está fundado y para que se vayan p’al coño váyanse directamente al infierno...

Post Data: Cójanse ustedes mismos, ustedes putas comunistas... Agarren sus negros culos y sáquelos de los Estados Unidos de América... No tienen excusa. La creación es evidencia más que suficiente del poder omnipotente DEL SEÑOR JESUS CRISTO.

¿Porqué no el poder omnipotente de Alá? O ¿el del Señor Brahma? O ¿hasta el de Yaweh?.

Nosotros no nos vamos a ir calladamente. Si en el futuro, eso requiere de violencia, simplemente recuerden que ustedes se la buscaron. Mi rifle está cargado.

¿Porqué; yo no puedo evitar preguntarme, se piensa que Dios necesita de tan feroz defensa? Uno podría haber supuesto que él es ampliamente capaz de cuidarse a sí mismo. Mantenga en mente; a través de todo esto, que el Editor que está siendo atacado y amenazado tan viciosamente, es una gentil y encantadora dama.

Quizás; debido a que yo no vivo en los Estados Unidos de América, la mayoría de mi correo de odio no está completamente en la misma liga; pero éste tampoco expresa ventajosamente la caridad por la cual el fundador del cristianismo fue notable.

La siguiente; fechada en mayo de 2005, remitida por un médico británico; aunque es ciertamente odiosa, me luce a mí más atormentada que malvada, y revela porqué todo el asunto de la moralidad es un manantial profundo de hostilidad hacia el ateísmo. Después de algunos párrafos preliminares que despellejan a la evolución (y sarcásticamente preguntan si un “negro” todavía está en el proceso de evolucionar); insultando personalmente a Darwin; citando erróneamente a Huxley como un anti-evolucionista, y exhortándome a mí a leer un libro (ya lo he leído), que argumenta que el mundo sólo tiene ocho mil años de edad (¿Puede él realmente ser un médico?), él concluye:

Tus propios libros; tú prestigio en Oxford, todo lo que tú amas en la vida, y haz logrado alguna vez, son un ejercicio de total futilidad... La pregunta-desafío de Camus se convierte en inescapable: ¿Porqué todos nosotros no cometemos suicidio? De hecho, tú punto de vista del mundo tiene esa especie de efecto en los estudiantes y en muchos otros...de que todos nosotros evolucionamos por chance ciego; a partir de la nada, y regresamos a la nada. Aún si la religión no fuese cierta; es mejor; mucho, mucho mejor creer en un noble mito; como el de Platón, si éste conduce a la paz mental mientras vivimos. Pero tu punto de vista del mundo conduce a la ansiedad; a la drogadicción; a la violencia; al nihilismo; al hedonismo; a la ciencia frankenstein; y al infierno en la Tierra; y a la Tercera Guerra Mundial...Yo me pregunto ¿Cuán feliz eres tú en tus relaciones personales? ¿Divorciado? ¿Viudo? ¿Homosexual? Esos como tú nunca son felices; o no tratan lo suficientemente duro de probar que no existe la felicidad ni ningún significado en nada.

El sentimiento en esta carta; si no su tono, es típico de muchas otras. El darwinismo; cree esta persona, es inherentemente nihilista, enseñando que evolucionamos por chance ciego (por la zillonésima vez, la selección natural es el mero opuesto de un proceso de chance) y somos aniquilados cuando morimos.

Como una consecuencia directa de tan alegada negatividad; sigue toda una suerte de maldades. Presumiblemente; él realmente no sugirió que la viudez podría derivarse directamente de mi darwinismo; pero su carta, en este punto, había alcanzado ese nivel de malevolencia maníaca que repetidamente reconozco entre mis cristianos epistolares. He dedicado todo un libro (Destejiendo el Arco Iris) al significado definitivo, a la poesía de la ciencia; y para rebatir; específicamente y extensivamente, la acusación de negatividad nihilista. Así que me restringiré aquí. Este capítulo es sobre la maldad, y su opuesto; la bondad; sobre moralidad: ¿De dónde proviene? ¿Porqué debemos abrazarla?, y sobre si necesitamos a la religión para hacer eso.


[1] Más de la que puedo esperar responder adecuadamente, por lo que pido disculpas.

[2] La película en sí misma es muy buena y puede ser obtenida en:

http://www.thegodmovie.com/index.php

Las Escrituras

http://fc06.deviantart.com/fs7/i/2005/195/a/8/Bible_in_a_Beaker_by_Runescapian.jpg

Todavía existen algunas personas que están persuadidas por la evidencia de las Escrituras para creer en Dios. Un argumento común; atribuido entre otros a C. S. Lewis (quien debería haber sabido mejor), establece que, debido a que Jesús afirmó ser el Hijo de Dios; él debe haber estado en lo correcto o loco o sería un mentiroso: “Loco, Malo o Dios”; o con cruda cacofonía, “Lunatic, Liar, or Lord” (“Lunático, Mentiroso, o Señor”). La evidencia histórica de que Jesús afirmaba poseer una especie de estatus divino es mínima. Pero hasta si esa evidencia fuese buena, el trilema en oferta sería risiblemente inadecuado. Una cuarta posibilidad; demasiada obvia para necesitar ser mencionada, es que Jesús estuviese honestamente equivocado. Abundantes personas lo están. En cualquier caso; como dije, no existe una buena evidencia histórica de que él pensara alguna vez, que fuese divino.
El hecho de que algo esté escrito es persuasivo para las personas no acostumbradas a preguntar: “¿Quién lo escribió; y cuándo? ¿Cómo sabían ellos qué escribir? ¿Querían ellos; en su época, decir, lo que nosotros entendemos en nuestra época que significa lo que ellos estaban diciendo? ¿Eran ellos observadores imparciales, o tenían una agenda que coloreaba sus escritos?” Desde el siglo diecinueve, los académicos de la teología, han construido un abrumador caso que afirma que los evangelios no son relatos confiables sobre lo que sucedió en la historia del mundo real. Todos fueron escritos mucho tiempo después de la muerte de Jesús; y también después de las Epístolas de Pablo, que no mencionan casi ninguno de los supuestos hechos de la vida de Jesús. Todos fueron a menudo, copiados y recopiados; a través de muchas diferentes “Generaciones de Susurros Chinos”.[1] (vea el capítulo quinto) por escribas falibles que; en cualquier caso, tenían sus propias agendas religiosas.[2]
Un buen ejemplo de la coloración por agendas religiosas es la totalidad de la enternecedora leyenda del nacimiento de Jesús en Bethlehem (Belén), seguida de la masacre de inocentes por Herodes. Cuando los evangelios fueron escritos, muchos años después de la muerte de Jesús, nadie sabía donde había nacido él. Pero una profecía del Viejo Testamento (Miqueas 5:2) hacía que los judíos creyeran que el largamente esperado mesías naciese en Belén.[3]
A la luz de esta profecía, el evangelio de Juan (7:41-42) remarca específicamente que sus seguidores fueron sorprendidos de que él no hubiese nacido en Belén: “Otros decían: Este es el Cristo. Pero algunos decían: ¿De Galilea ha de venir el Cristo? ¿No dice la Escritura que del linaje de David, y de la aldea de Belén, de donde era David?
Mateo y Lucas manejan el problema diferentemente, decidiendo que Jesús debe obligatoriamente haber nacido en Belén; después de todo. Pero ellos lo llevan a él allí por diferentes rutas. Mateo tiene a María y a José todo el tiempo en Belén; moviéndose hacia Nazaret sólo mucho tiempo después del nacimiento de Jesús, en su regreso a Egipto, donde ellos huyeron del Rey Herodes y de la masacre de los inocentes. Lucas; en contraste, reconoce que María y José vivían en Nazaret antes de que naciese Jesús. Así que, ¿Cómo llevarlos a ellos hasta Belén en el momento crucial para que se cumpla la profecía? Lucas dice que; en los tiempos cuando Cirenio era gobernador de Siria, César Augusto decretó un censo para propósitos de impuestos, y todos tenían que ir “a su propia ciudad”.
José era “de la casa y familia de David” y en consecuencia, él tuvo que ir a la “ciudad de David, que se llama Belén”. Eso pudo haber parecido como una buena solución. Excepto que históricamente es un completo sin sentido, como A. N. Wilson; en su libro, Jesús, y Robin Lane Fox, en su libro La Versión No Autorizada (entre otros), han señalado. David; si es que él existió, vivió cerca de mil años antes que María y Jesús. ¿Porqué en la Tierra habrían los romanos requerido que José fuese a la ciudad donde un antepasado remoto había vivido hacía un milenio? Es como si yo fuese obligado a especificar en la planilla del censo; digamos, que Ashby-de-la-Zouch es mi pueblo natal; si sucediese que yo pudiese rastrear mi árbol genealógico hasta el Seigneur de Dakeyne, quien vino con Guillermo el Conquistador y se estableció allí.
Además, Lucas escoñeta (sic: screws up) sus fechas, al no tener tacto al mencionar eventos que los historiadores son capaces de chequear independientemente. Hubo de hecho un censo bajo el Gobernador Cirenio—un censo local; no uno decretado por César Augusto para todo el imperio—pero sucedió muy tarde: en el siglo seis de la era actual, mucho después de la muerte de Herodes. Lane Fox concluye que: “La historia de Lucas, es históricamente imposible e internamente incoherente”, pero él es considerado con el ruego de Lucas y su deseo de cumplir la profecía de Miqueas.
En el ejemplar de diciembre de 2004 de Free Inquiry, Tom Flynn, el editor de esa excelente revista, ensambla una colección de artículos que documentan las contradicciones y huecos vacíos en la bien amada historia de la Navidad. El mismo Flynn hace una lista de las muchas contradicciones entre Mateo y Lucas; los únicos dos evangelistas que hablan del nacimiento de Jesús.[4].
Robert Gilloly; demuestra como todas las características esenciales de la leyenda de Jesús; incluyendo la estrella de Oriente; el nacimiento virginal; la adoración del bebé por reyes; los milagros; la ejecución; la resurrección y la ascensión; son tomadas prestadas—cada una de ellas, hasta la última—de otras religiones ya existentes en el Mediterráneo y la región del Cercano Oriente. Flynn sugiere que el deseo de Mateo de cumplir las profecías mesiánicas (descendencia de David, nacimiento en Belén), para el beneficio de los lectores judíos se estrelló de frente con el deseo de Lucas de adaptar la Cristiandad a los gentiles, y en consecuencia, para presionar los botones calientes de las religiones paganas helénicas (nacimiento virginal, adoración por reyes, etc.) Las contradicciones resultantes son enceguecedoras, pero consistentemente ignoradas por los creyentes.
Creyentes sofisticados no necesitan a George Garshwin para que los convenza de que “the things that you’re li’ble / To read in the Bible /it ain’t necessarily so” (escrito en inglés nada sofisticado: “las cosas que usted es capaz / de leer en la Biblia / no son necesariamente eso”) Pero existen muchos cristianos nada sofisticados que piensan que es absolutamente necesario—y quienes toman la Biblia muy seriamente; de hecho, como un archivo exacto y literal de la historia, y en consecuencia como la evidencia que soporta sus creencias religiosas. ¿Nunca abren estas personas el libro que ellos creen que es la verdad literal? ¿Porqué no notan esas enceguecedoras contradicciones? ¿No debería un literalista preocuparse por el hecho de que Mateo rastrea el origen de José desde el Rey David vía veintiocho generaciones intermedias; mientras que Lucas tiene cuarenta y una generaciones? Peor, ¡Casi no existe sobreposición de los nombres en las dos listas! En cualquier caso, si Jesús nació realmente de una virgen, los antepasados de José son irrelevantes y no pueden ser usados para cumplir; a favor de Jesús, la profecía del Viejo Testamento, de que el Mesías debe ser un descendiente de David.
El académico bíblico estadounidense; Bart Ehrman, en un libro cuyo subtítulo es La Historia Detrás de Quienes Cambiaron el Nuevo Testamento y Porqué, despliega una gigantesca incertidumbre que oscurece a los textos del Nuevo Testamento.[5] En la introducción del libro, el Profesor Ehrman describe conmovedoramente la travesía de su educación personal desde un fundamentalista creyente en la Biblia, hasta un meditado escéptico ; una travesía dirigida por su temprano descubrimiento de la falibilidad de las escrituras. Significativamente, a medida que él se movía hacia arriba por la jerarquía de las universidades estadounidenses; desde el fondo rocoso del “Instituto Moody de la Biblia”, pasando por el Wheaton College (un poquito más alto en la escala, pero aún así, el alma mater de Billy Graham) hasta Princeton (una cúspide de clase mundial), a él se le advirtió a cada paso que tendría problemas para mantener su fundamentalismo cristiano frente al peligroso progresivismo.
Así lo comprobó; y nosotros, sus lectores, somos los beneficiarios. Otros libros refrescantemente iconoclastas de crítica bíblica son La Versión No Autorizada de Robin Lane Fox; ya mencionado, y La Biblia Secular: Porqué los No-Creyentes Toman en Serio a la Religión, de Jacques Berlinerblaus.
Los cuatro evangelios que lograron entrar en el canon oficial; fueron escogidos; más o menos arbitrariamente, de entre una muestra mayor de por lo menos una docena que incluye a los Evangelios de Tomás, Pedro, Nicodemo, Felipe, Bartolomé y María Magdalena.[6] Es a estos evangelios adicionales a los que se estaba refiriendo Thomas Jefferson en su carta a su sobrino:
Olvidé observar; cuando hablo del Nuevo Testamento, que tú deberías leer todas las historias de Cristo, así como de aquellos sobre los cuales un consejo de eclesiásticos ha decidido por nosotros, como aquellos a quienes ellos llamaron Evangelistas. Porque estos Seudo-Evangelistas pretendieron inspirar tanto como los otros, y se espera que tú juzgues sus pretensiones usando tu propia razón, y no la razón de esos eclesiásticos.
Los evangelios que no lo lograron, fueron omitidos por aquellos eclesiásticos, quizás porque incluían relatos que eran aún más embarazosamente no plausibles que los contenidos en los cuatro canónicos. El Evangelio de Tomás; por ejemplo, tiene numerosas anécdotas sobre el niño Jesús abusando de sus poderes mágicos en la forma en lo haría un hada malvada, transformando impíamente en cabras, a sus compañeros de juego; o convirtiendo al barro en pinzones, o ayudando a su padre con la carpintería milagrosamente alargando un trozo de madera.[7] Sería dicho que nadie cree crudos relatos de milagros como esos del Evangelio de Tomás. Pero no existe ni más, ni menos, razón para creer los cuatro evangelios canónicos. Todos tienen el estatus de leyenda, tan dudosamente fácticos como los relatos sobre el Rey Arturo y sus Caballeros de la Mesa Redonda.
La mayor porción de lo que es compartido por los cuatro evangelios canónicos es derivado de una fuente común; ya sea el evangelio de Marcos o una obra perdida de la cual Marcos es el más antiguo descendiente existente. Nadie sabe quienes fueron los cuatro evangelistas; pero ellos casi ciertamente, nunca conocieron a Jesús personalmente.
Mucho de lo que ellos escribieron no fue; en ningún sentido, un intento honesto de registrar la historia; sino simplemente tomado sin serias alteraciones del Viejo Testamento, porque los hacedores de evangelios estaban devotamente convencidos de que la vida de Jesús debía cumplir las profecías del Viejo Testamento. Hasta es posible; armar un serio caso histórico; aunque no es ampliamente apoyado, de que Jesús nunca vivió en lo absoluto; como ha sido hecho por, entre otros, el Profesor G. A. Wells, de la Universidad de Londres, en una cantidad de libros, incluyendo ¿Existió Jesús?.
Aunque Jesús; probablemente existió, reputados académicos bíblicos no consideran generalmente al Nuevo Testamento (y obviamente tampoco al Viejo Testamento), como un registro confiable de lo que realmente ocurrió en la historia, y no consideraré más a la Biblia como evidencia de ningún tipo de deidad. En las visionarias palabras de Thomas Jefferson, escribiendo a su predecesor John Adams, “Llegará el día cuando la mística generación de Jesús, con el Ser Supremo como su Padre, en el vientre de una virgen, será clasificada como la fábula de la generación de Minerva en el cerebro de Júpiter”.
La novela de Dan Brown, El Código Da Vinci, y la película hecha a partir de ésta, están levantando una enorme controversia en círculos eclesiásticos. Los cristianos son exhortados a boicotear la película y a manifestar frente a los cines, para demostrarlo. De hecho; es una fabricación de comienzo a fin: inventada; ficción producida. En ese aspecto, es exactamente igual a los evangelios. La única diferencia entre El Código Da Vinci y los evangelios, es que los evangelios son una ficción de la antigüedad mientras que El Código Da Vinci es una ficción moderna.

[1] Nota del traductor: Chinese Whispers (Susurros Chinos); también conocido como “el juego del teléfono” “teléfono roto”; “operador” “susurro por el camino” y “pásalo”, es un juego a menudo jugado por niños que consiste en susurrar una frase al oído de un jugador; para que éste se la susurre a su vez al próximo jugador; y así hasta el último—inevitablemente, la frase es ligeramente alterada por cada jugador, por lo que el último que debe decir en voz alta la frase que le susurraron, casi invariablemente, recita una frase absolutamente diferente a la original. http://en.wikipedia.org/wiki/Chinese_whisper
[2] [Acotación del Traductor: “Tener una agenda” significa en las culturas de habla inglesa: “Tener un Plan Preconcebido”]
[3] Nota del Traductor: Santa Biblia, Viejo Testamento, Miqueas 5:2 “Pero tú Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad.”
[4] Tom Flynn, “Matthew vs. Luke” (“Mateo versus Lucas”), Free Inquiry, 25: 1, 2004, 34-35; Robert Gillooly, “Shedding light on the light of the world”, (“Alumbrando a la luz del mundo”), Free Inquiry, 25: 1, (2004), 27-30.
[5] Doy el subtítulo porque sobre eso es todo en lo que confío. El título principal de mi copia del libro; publicada por Continuum de Londres, es ¿De quién es la Palabra? No puedo hallar nada en esta edición para decir si es el mismo libro que el publicado en los Estados Unidos de América por Harper San Francisco, el cual no he visto y cuyo título principal es Citando Erróneamente a Jesús. Presumo que son el mismo libro, pero ¿Porqué hacen los publicistas este tipo de cosas?
[6] Ehrman (2006). Vea también Ehrman (2003a, b).
[7] A. N. Wilson; en su biografía de Jesús, expresa dudas sobre el relato de que José fuese un carpintero. La palabra griega tekton de hecho significa carpintero, pero fue traducida desde la palabra aramea naggar, que podía significar artesano u hombre estudiado. Esta es una de las traducciones equivocadas constructivas que atormentan a la Biblia; la más famosa de ellas es la equivocada traducción de Isaías de la palabra hebrea para joven mujer (almah ) en la palabra griega para virgen ( parthenos ). Un error fácil de cometer (piense en las palabras inglesas “ maid ” [criada] y “ maiden ” [muchacha o mujer soltera] para que vea cómo pudo haber ocurrido). Este resbalón del traductor bíblico iba a ser salvajemente inflado para dar lugar a toda la absurda leyenda de que ¡la madre de Jesús fue una virgen!. El único competidor por el título de traducción equivocada constructiva de todos los tiempos también está relacionado con las vírgenes. Ibn Warraq, ha argumentado chistosamente que en la famosa promesa de setenta y dos vírgenes para cada mártir musulmán, “vírgenes” es la traducción equivocada de “pasas blancas de claridad cristalina”. Ahora, si eso hubiese sido mejor conocido, ¿Cuántas víctimas inocentes de misiones suicidas pudieron haber sido salvadas? (Ibn Warraq, “¿Vírgenes? ¿Cuáles Vírgenes?”, Free Inquiry, 26:1, 2006, 45-46).