22 julio 2008

Como deseo tu cuerpo

Amada adonde estas, que no puedo tener tu cuerpo mi cuerpo reclama el tuyo, mi corazón te llama a gritos pero no vienes a mí Amada si supieras que en las noches en mi habitación no puedo conciliar el sueño porque no puedo tenerte Amada vuelve por favor vuelve a estar junto a mí, junto a mi cuerpo que el tuyo y el mió vuelvan hacer uno solo no quiero pensar que estas lejos o que tal vez otro ya a poseído tu frágil y cristalino cuerpo. Amada vuelve junto a mí mas que hacer el amor complementemos nuestras almas para estar eternamente juntos vuelve, Amada vuelve….

19 julio 2008

MITOLOGIA HERIDA

No quiero convidarte esta cuasi interminable angustia,
no te mereces el trago amarguísimo de ver al fantasma
que en alguna dimensión tuvo vida. No te espantes mi sol,
es solo un espectro, uno más, intrascendente y banal presencia,
te lo aseguro, como que mi nombre es Mitología, lo juro.

Hey! que dicha, nos volvemos a encontrar,
es inevitable esquivar tu fulminante mirada
y sentir tu tibia e inquietante presencia;
hey! muy tarde? te propongo algo...brindemos si!
por el reencuentro y hagámoslo con lágrimas,
que son testigas de nuestro pasado, así y
en comunión de almas purificarnos hasta renacer.
Hey! extrañé tu timidez y es mejor que sea así,
pues sabemos que soy el remanente y tu mi sol,
el fresco presente, por ello Salud!

Dios mío, ¿qué puedo hacer si no sale de mi vida?
Si no se aparta cual pájaro al oír el disparo?
Que puedo hacer para que su insignificante presencia se disuelva
y pueda abrir mis etéreas alas de ángel
y surcar los espacios infinitos junto al elegido?
Esa imperceptible, burda y estúpida presencia,
pero dolorosamente cierta,
dolorosamente presente...
Quizá lo esfume cuando parta hacia el Eterno,
al receptor de todas mis plegarias...quizá

A donde acudir cuando las Grandes Puertas se cierran?
a que oído susurrar tu historia?
En qué hombro sollozar?,
Como se que estas presente,
si te busco y no te encuentro ni en tu casa,
que hacer para sufrir de amnesia?
y como hacer para que te acuerdes de mi?
Muchas interrogantes y un mudo interlocutor;
hoy Sola espero mi sentencia.

Huele, observa, oye, siente, piensa
como si fuera el único día materializada en este mundo,
transpórtate al futuro como si inerte anhelaras
una última bocanada de oxígeno,
la bocanada de vida que siendo cruel,
también sabe darte alegrías aunque efímeras, existentes.
Sólo intenta sobrevivir a este mundo colmado de incertidumbre
y decepciones y eso será tu logro,
hasta que el Gran Ser lo prefiera.

17 julio 2008

¿JUGAMOS?

Tan sólo le gustaba jugar, nada más.
Muy a menudo se dirigía hasta el parque de la plaza Crowds y, sentado en uno de los estropeados bancos, contemplaba su alrededor para observar si se hallaban miradas de madres acusadoras. Cuando se aseguraba de que ningún ojo escéptico cavilaba por su entorno, se volvía a profundizar en una búsqueda totalmente diferente: la próxima niña con la que jugar.
“¡Perfecto!”, pensó mientras se levantaba del banco y se disponía a acercarse hasta la niñita morena de coletas que se columpiaba con algo de dificultad.
-¿Te ayudo?- le preguntó. Ella asintió con la cabeza, entonces él se posó detrás de ella y comenzó a propulsarle diminutos empujones con pos de que el columpio se balanceara con más fuerza.
Él esperaba alguna que otra risita inocente, pero la niña se mantuvo callada en todo momento.
-Estás muy seria-alegó, pero ella tan sólo se encogió de hombros.
Los lazos rojos caían desde sus coletas hasta sus hombros. Su faldita gris a cuadros le tapaba hasta sus diminutas rodillas, y su blusa blanca apenas le resguardaba de aquel frío otoñal. Parecía apagada y consumida; no era como las demás niñas que saltaban a la comba, que se deslizaban por el tobogán o que simplemente jugaban en la arena.
Él no sabía qué hacer. Le apetecía jugar, pero si ella no se mostraba interesada, tendría que buscar alternativas.
-¿Y tu mamá?- preguntó, y la niña se encogió de hombros.
Entonces él dejó de columpiarla y dio un pequeño rodeo se puso en frente de ella, y se bajó de cuclillas para estar a su altura.
-¿Te apetece jugar a algo?
-Mamá dice que no debo hablar con extraños…
Él le sonrió a la vez que le acariciaba la mejilla.
-Soy Michael, ¿y tú?
La niña mantuvo algo de desconfianza, pero sin pensarlo, respondió.
-Cloe.
- ¿Lo ves? Ya nos conocemos.
Allá en el fondo, se escuchaba chirriar la ruleta que acababa de empezar a girar por el soplo del viento.
-¿A qué quieres jugar?- preguntó la niña.
- A papás y a mamás.
Cloe quedó dubitativa por unos segundos, y preguntó:
-¿Tendremos que hacer cosas de papás?
El rió ante su inocencia.
-Claro, ¿qué sino? Tú harás la compra, limpiarás la casa, cuidarás al bebé… y mientras, yo trabajaré en la oficina, llevaré mi maletín y cuando llegue a casa estaré esperando un beso tuyo. Además llegaré con hambre, y te pediré la cena.
-¡Me gusta cocinar! Siempre ayudo a mamá cuando lo necesita.
- ¡Bien! Pues tú me harás la cena, y cuando estemos llenos y sea la hora de ir a la cama, dormiremos juntos. ¿Vale?
Cloe se bajó del columpio con un salto con intenciones de ir a jugar.
-Jugaremos mejor en el bosque- le dijo Michael mientras le agarraba de la mano y la internaba en él.
En el bosque hacía algo de frío, y el húmedo sotobosque de las lluvias matinales mojó un poco los zapatitos de la niña.
-Yo como soy el papá, te iré a comprar braguitas nuevas….
-No necesito.
-Sí que necesitas. Te las compraré de ositos… ¿Qué te parece?
Cloe no respondió.
-Para eso- prosiguió él- debes quitarte las tuyas para que te puedas poner las nuevas, que las tengo aquí.- y extrajo de uno de los bolsillos de su chaqueta una diminuta prenda interior, propia de una niña de seis años.
-¿Me las tengo que quitar?
-Sí, si no, ¿cómo quieres probártelas?
Rápidamente, comenzó a desnudarla.
-No… no me gusta este juego.
Pero él no paró. La pequeña comenzó a llorar con algo de miedo. Tras unos segundos, quedó vulnerable, desnuda e indefensa ante él, sollozando, pidiendo clemencia con tan sólo su mirada; pero él, perverso y obsceno, fiel a su inexplicable hedonismo infantil, tan sólo pensaba en los pequeños senos de la niña todavía no desarrollados.
- Venga, si es divertido…
Su voz ya entonaba perversión y excitación. Seguidamente, se desabrochó el pantalón y se desnudó él también de cintura para abajo. Tras aquello, el abismo y el dolor se apoderó de la pequeña Cloe, la injuria del hombre sería ya el último paso hacia el fin de su corta vida.
Laura Martínez.

Foto de Cristina Ruiz

14 julio 2008

Garabatos

No sabía que aquel culo era un corazón dibujado en su honor. Ni que la mano rota, una margarita desojada por los nefastos efectos del amor.
-¿Qué pintas?- me preguntó cuando se acercó hasta mí.
Rápidamente, escondí la libreta de dibujos y bocetos bajo mi regazo.
-Nada…- dije nerviosa y escéptica.
-Quien nada no se ahoga.
- Y quien se ahoga esconde su dibujo.
Me miró con extrañeza.
-Eso no tiene sentido.- y tras eso espetó:
- En el dibujo he visto un culo… ¿Ahora te dedicas a pintar figuras eróticas?
-No. Son sólo imágenes metafóricas.
-¿Y eso qué es?
- No lo entenderías.
Se acomodó en el banco donde yo estaba sentada. Parecía que se iba a quedar algún tiempo conversando.
-¿Crees que no soy suficiente listo?
Yo negué con la cabeza.
-Creo que no pones suficiente interés.
Ni si quiera me miró.
Allí nos hallábamos ambos, observando el entorno, y, quizás, cavilando sobre él.
-¿Sabías que el arroz está muy caro?- preguntó de repente sin dejar de mirar los alrededores.
Me encogí de hombros.
-Sí…-prosiguió.- y que por esta razón los niños tercermundistas no tendrán para comer.
-Muy triste…
-Sí- y sacó un paquete de tabaco de su bolsillo, del cual extrajo un cigarro. Se lo colocó en la boca, lo encendió y le dio una calada bien grande.
En realidad no sabía porqué comenzó aquel tema.
Su imprevisión era asombrosa. Nunca sabías con qué te sorprendería.
Absorbió otra pequeña porción de su cigarrillo, cargándose a la vez siete segundos más de su vida.
-¿Me quieres?- esta vez si que tuvo valor para mirarme.
Mi desconcierto fue tan grande que no le respondí.
Entonces él volvió a mirar hacia el suelo con el cigarrillo en la mano.
-Ya…- y negaba con la cabeza.
Tras varios incómodos minutos de silencio, me volvió a preguntar por el dibujo.
Yo, asentí y le entregué la libreta.
-¡Vaya! Es precioso… ¿Esto qué es? ¡A!, ya sé. Los cabellos desaliñados representa la locura. Los senos grandes, una dificultad para encontrarse con tu esencia verdadera, y… ¡Joder!, ¿Qué son estas manos…?
Le arrebaté molesta mi trabajo y lo volví a guardar entre el amparo de mi brazo y pecho.
Volvió a meterse el cigarrillo en la boca.
- La muchacha desnuda está llorando al pie del lago… ¿Es el lago todas las lágrimas que ella ha podido derrochar?
Me estremecí, porque sin duda parecía más listo de lo habitual.


Laura Martínez.

13 julio 2008

Soñé

Ayer soñé con un hombre que dormía en un vagón de metro y me acariciaba el cuerpo sin darse cuenta.

Soñé con un amigo que tenía la mitad de la barba rasurada y su mirad se perdía en vaso de falsas ilusiones.

Soñé con una niña que robaba un rastrillo para que rasurara mis piernas en un balneario de alguna playa desconocida.

Soñé que me dormía en un camión al lado de un hombre cuyo rostro no veía, pero conocía en la intimidad.

Soñé con una cama y las palabras "cometo pequeños errores contigo, intencionalmente".

Soñé con un viejo que vendía animales disecados y tenía un ojo de vidrio.

Soñé que abrazaba el humo, extrañando poder abrazar la realidad.

Soñé que veía morir y revivir a Xul.