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09 mayo 2011

El fin de la espera

A veces uno espera, pasa horas esperando sin saber a qué o a quién se espera. La mente divaga barajando las opciones pero nada, no se sabe. Cuando eso sucede, el tiempo no acompaña, no es capaz de sentarse a tu lado y decirte “bueno vieja, te espero, te doy un segundito”. Al contrario, el tiempo se burla de los que esperan haciéndose relativo. No confundan la espera con el acto inmóvil de un ente que babea mirando la nada, no señor. La espera suele estar envuelta en monotonía. Y uno se despierta, sonríe, respira, avanza y retrocede, así, en la espera. A veces la esperanza que viene con ella, te da un empujoncito y pum, saliste a buscarlo. Todavía no se sabe qué, pero la expectativa te susurra que las posibilidades aumenten en la búsqueda, para luego, encontrarte con el vecino que convencido te dice “cuando menos te lo esperes, las cosas llegarán”. Y tu perdiendo el tiempo buscando. Cambiado el rumbo, ahora adoptas la postura “no me importa, no espero nada, tengo todo lo que necesito aquí conmigo”. Y las cosas sorpresivamente cambian. No abruptamente, pero cambian, se sienten distintas, un poco mediocres, pero agradables, dejan un saborcito amargo en el buenas noches que sientes sólo unos segundos antes de dormir. Ya no sueñas (para que queremos ilusiones). Y así acompañas al tiempo. Un rato. Un buen rato. Un poco más. Tu sigue, profesionalízate en el camuflaje. Y un día, rota tu coraza. Cuando ibas sentada en el tren, te diste cuenta. Lo descubres y algo se llena en ti, por ahí dentro. Y te mira y te roza. No hay que seguir esperando, no hay motivos para seguir disimulando, ahora te sacas el camuflaje, los escudos y tu piel se llena de aire.

A veces el tiempo se apiada de los mediocres y les regala oportunidades.

24 abril 2011

Corazones

Publicado por Yareli

Al cumplir 16 años, la gente sencillamente se abría el pecho con la naturalidad con la que se abre una ventana y sacaba su corazón, íntegro, palpitante. Lo sostenían un momento y examinaban casi con la misma indiferencia con la que se da vuelta a una página cuando se lee un texto aburrido.
Vi corazones de todos los tipos, corazones de poetas que parecían cobrar vida y sacar una fuerza sobrenatural, arrojándose contra el suelo en espera de explotar como kamikazes antes de tocar el suelo. Corazones que parecían dormirse entre las manos que los sostenían y acunarse bajo la alcantarilla más pestilente sin que se inmutara su ensueño. Corazones que a veces ponían resistencia a la mano que los arrancaba y a veces agradecían la libertad sin saber qué harían con ella minutos más tarde. Centenares de historias de corazones rotos y dueños que seguían vagando por el mundo creyendo aún poseer uno propio. De este modo los corazones eran arrojados al suelo, como se echaría un gallo al ruedo, como la moneda en el brocal en espera de un deseo.

09 diciembre 2010

Extraña decisión


Cuando su amiga le dijo lo que ella pensaba, las dudas que rondaban su cabeza se disolvieron. Ahora comprendía a cabalidad el error cometido.

- Tengo que irme. Gracias por todo, te llamaré y te contaré novedades.

Su amiga era ahora la sorprendida, sin decir nada más él tomó su chaqueta, se levantó y comenzó a correr en una dirección desconocida para ella.

No había tiempo, y él buscaba acabar con todo esto lo más rápido posible. Cuando ya sus piernas le decían que no iba a poder seguir corriendo, se detuvo y al tomar aire, pensaba que era lo que tenía que hacer. Ahora caminaba, cada paso era una idea que chocaba en su mente, se detenía casi por inercia en los cruces de vehículos y la verdad es que chocó varias veces con personas y con animales.

Cuando tomó la decisión, solo el golpe de una mujer que le pedía que se corriera del camino logró “despertarlo” Con un objetivo claro y con una meta propuesta, comenzó a caminar nerviosamente, luego a trotar y finalmente las ganas y la ansiedad lo vencieron. Corría como nunca en su vida, todos lo dejaban avanzar.

Aun cuando había llegado a su destino, la misión no era cumplida a cabalidad. Era menester esperar. Caminaba en círculos, iba y volvía. Repetía eso una y otra, y una y otra vez. La ansiedad, literalmente lo mataba. Pero sin mayor aviso, se encontraba donde él quería estar.

La miró directamente a los ojos (como nunca antes lo había hecho) y le dijo nerviosamente:

-Hola… Te vine a… necesito hablar contigo.

Ella sin colocarle mucha atención, y mientras miraba su celular le respondió despreocupada:

-Continua te estoy escuchando.

Tomó aire, dio un par de pasos, la abrazó con fuerza e intentó besarla. No se preocupó de donde estaba, ni que estaba su pololo cerca, no pensó en nada, ese beso era un verdadero kamikaze.

Mientras caminaba de vuelta a su depto, tomó el celular, se colocó los audífonos y sintonizó su radio favorita. Caminaba por esa ciudad que tanto amaba, la recorría tranquilo, su mente y corazón estaban ya en paz. En el viaje, escribía un mensaje de texto para su amiga: Todo está bien. Conversamos a la noche en msn.

Ahora iba a estar solo, ya se imaginaba cuantos días tendrá que enfrentar, dando explicaciones por lo que acababa de hacer. Pero estaba calmado, había hecho algo increíble, para muchos una locura. Pero para él era necesario, tan necesario como respirar, debía intentar robar ese beso, necesitaba tener la certeza de que ella nunca se lo daría, necesitaba generar ese problema para así distanciarse y poder olvidarse de ella…

Sergio Bazaes Castillo.-

12 septiembre 2010

Coincidencia

Publicado por Yareli

Igual que si me hubiera estado esperando desde siempre, sus ojos me miraron con fijeza bajo las pestañas enrimeladas a reventar mientras terminaba de arreglarse; acaba de escupir dentrífico mezclado de saliva con un poco de sangre, vestía un corsé de esos que ya no se estilan y unos pantalones de lycra, ambos negros que evidenciaban su delgadez enfermiza que contrastaba con el resto de su arreglo. Por un momento me sentí como Paloma en Los Caifanes cuando entra en un baño lleno de mujeres tristes, aunque en este caso la única mujer triste era yo.

Miré su larga cabellera recogida en una coleta demasiado alta esponjarse al ritmo de sus dedos huesudos mientras la boca excesivamente pintada de rojo simulaba una sonrisa frente al espejo desde el cual nos mirábamos.

Cuando terminé de secarme las manos, se me acercó y me dijo que tomara un poco de su colonia, no pude decirle que no, además olía bien. Salí del baño pensando en cualquier cosa. La tarde empezaba a despuntar y a mí me hacía falta un trago.


Imagen de Rosza Klein

21 agosto 2010

La llamada

Publicado por Yareli

Llamó a las tres de la mañana con la voz medio apagada por los incontables cigarros fumados a lo largo de la tarde y principios de la noche. Aún no estaba tan entrado en alcoholes, pensé.

-Y entonces al levantar la chamarra, derramé dos tragos -dijo un tanto sobresaltado- pero hubieras visto, que de haber querido, rompía una de las botellas y se la clavaa a ese hijo de puta en la cara y le sacaba los ojos, a ese pinche gordo de mierda, para que no esté mamando con sus pendejadas.

-Calma...- le respondí.

-No ¿y es que sabes cuál es el problema? Que todo es una basura, desde pequeños nos meten la jodida idea en la cabeza de que debemos ser y hacer las mismas cosas, todos., como imbéciles ¡La puta escuela! más que cualquier otra cosa. ¿Dónde se queda el placer, la diversión?

-Vale, pues no lo sé, supongo que debemos hacer que el sistema funcione de algún modo...

No sé qué más dijimos esa noche, pero no recuerdo haberlo escuchado antes o después tan borracho como ese día. La verdad, me parecía que su enojo sólo era la justificación de algo más grande. Pero no pregunté más; una de las certezas que sí tengo es que entre menos preguntes más informado estás.

-Dime algo lindo, anda... -dije, poco antes de cortar.

-Algo lindo es... esta sensación de rueda de la fortuna con ratón mecánico de feria- seguido de una risa convulsa, de cuando sabes que lo único mecánico ha sido tu respuesta. Y te supera. De pronto ya no es importante el motivo de la llamada, ni las cosas que se dicen. Tampoco las risas nerviosas o las expectativas asomadas entre el tequila y la complicidad al otro lado del teléfono.

15 agosto 2010

Fausto

Publicado por Yareli


Tenía la mirada perdida cuando lo encontraron, parecía haber olvidado para siempre su capacidad comunicativa. Felipe lo miró con cierta lástima desde el otro lado del vidrio mientras terminaba de llenar la constancia de que era su familiar y demás trámite burocrático. –Oiga como que el joven está cucú ¿no? –preguntó estúpidamente uno de los oficiales a cargo de su cuidado las últimas cuatro horas mientras le daba una mordida a la torta de chorizo que le había pintado de rojo la comisura del labio derecho.
Felipe hizo apenas un movimiento de cabeza seguido de un gemido ininteligible para que el hombre no le hablara más. Mientras el joven, al otro lado de la habitación se remonataba a su infancia, pero sobre todo pensaba en su madre, en las grandes mejillas rojas. Felipe terminó de leer en informe que le comunicaba que su primo había sido encontrado desnudo en un callejón cerca de la plaza de la capital, no sabía su nombre y apenas respondía con la mirada a quien le hablaba. Pero ¿qué le podía haber pasado en ese viaje? Sólo Dios sabrá. A veces parece impensable que una madre pueda hacer las del diablo cuando hay tanto amor de por medio...