
Dicen que el tango es macho. El hombre lo lleva, es él quien dirige los pasos, quien le da sentido al giro y que gracias a él, los movimientos recobran vida.
El tango es macho, hasta incluso huele a él. Tú sólo te dejas guiar y aceptas las condiciones de sometimiento. Eres prisionera del baile, prisionera de la música, incluso de su cuerpo…
Sólo puedes cerrar los ojos y oler el aroma del hombre, saborear su mandato y seguir sometida.
El tango es macho porque cuando te das cuenta, te descubres bajo los focos rojos; es él quien te sostiene. Tú estás atada a sus manos, su barbilla te rodea el cuello, y a pesar de que tu vestido negro brille ante el público y ser tú la estrella, el hombre ríe, porque en el fondo es su creación.
La música comienza a sonar, se filtra por tu cuerpo y te incita a bailar junto a él… aunque no lo puedes hacer hasta que el hombre te lo ordene. Y captas la señal de orden: el hombre posa su pie al lado del tuyo; ese es el primer contacto, aparte de su barbilla y sus manos; en el resto del cuerpo hay una separación apenas visible que ambos notáis.
Comienza a arrastrar tu pie con el suyo… te guía.
Ya ni siquiera escuchas la música, porque tú tienes que posar tus cinco sentidos (y crear el sexto) sobre él… sólo la sientes ligeramente gracias a un canal, que es el cuerpo del hombre.
Cuando abres los ojos, descubres que él te sostiene bajo su pecho, y no te has enterado de eso, hasta que te has encontrado con su mirada.
Mientras tu cuerpo se topa casi contra el suelo, sabes que no te puedes liberar, sigues sometida.
La luz roja no cambia sólo la postura de los cuerpos, el cambio de los pasos.
Ya estás de pie cuando te vuelves a dar cuenta del movimiento. La música suena más fuerte… como una hoguera chispando cada vez con más intensidad. Sientes su calor corporal, que junto al tuyo, se convierte en el fuego más ardiente del universo. Ambos sois pasión.
Los pies son lo más importante del baile, que él los dirige, por supuesto; pero la mirada de los dos, llena de pasión y seriedad al mismo tiempo, es lo que transmite la belleza del tango.
La espalda siempre recta, la mirada al frente... no lo mires, sólo él te puede mirar.
Y ahora llega el toque más sensual del baile… es el momento en el que la mujer se libera y comienza a dominar... Levantas la pierna, brillante de sudor, la posas sobre su cadera, te lanzas hacia el suelo y no dudas ningún momento de que no podrás caer, porque sabes que lo dominas, que lo seduces, que le hechizas… Está encantado con tu belleza, hipnotizado… y es el momento más emocionante del baile…
¡Oh sí! Dicen que el tango es macho, pero sólo porque lleva esencia de mujer…
Laura Martínez.
Mi propósito con este escrito no es hacer una definición ni una descripción del baile del tango, va mucho más allá. El machismo y feminismo en este mundo es mi tema de hoy. Primero dominó el hombre, y cuando nosotras luchamos por la igualdad, al final dominamos también; al final estamos en las mismas. Por supuesto, siendo yo del rango femenino, he echo una descripción mucho más larga del machismo; pero no porque sea feminista o algo parecido, si no, porque a pesar de que los tiempo han cambiado, este problema sigue en muchos lugares y países de éste mundo, y no hace falta irse a países orientales, aquí mismo en España, mueren más de cien mujeres al año por violencia de género, y otras tantas son sometidas bajo el cargo del hombre...
Laura Martínez.