10 febrero 2010

Emile Dubois: "El Robin Hood porteño"

Publicado por Grupo Asobe


La leyenda que escogimos, es de un personaje que se destaca por ser tal, un personaje, que muy bien, podría haber escapado de las páginas de una novela, para hacerse de carne y hueso; se confunde aquí la realidad con lo fantástico, como suele suceder en las leyendas. Carismático con las personas pero a la vez imponía temor, porque si era un personaje de una novela no se trata del héroe clásico o de un protagonista noble que intenta hacer el bien, se trata de un delincuente, un homicida, que si bien en la mayoría de los casos no se comprobó delito alguno, era el terror de las familias adineradas en la época de auge de la ciudad de Valparaíso y actual patrimonio de la humanidad, nos referimos a Emile Dubois, también conocido como el Robin Hood criollo por el carácter de sus fechorías.

Nació en Francia en 1868 con el nombre Luis Amadeo Brihier Lacroix, pero pasó a la historia como Emile Dubois, el célebre asesino de Valparaíso. La singular personalidad de este francés, que llegó a Valparaíso con papeles colombianos.
"El criminal del siglo", como fue calificado por Claudio Solar en una serie escrita en 1981, jamás confesó ninguno de los delitos que se le atribuían, especialmente los tres sangrientos homicidios, que veremos mas adelante en este trabajo. Se le califica como asesino en serie porque en dicho hechos delictuales habían varias constantes: sus víctimas eran extranjeros o descendientes de éstos, comerciantes o profesionales y empleaba un "tonto" de goma y una daga, ensañándose en sus víctimas, destruyendo el lugar y robando especies de valor. La importancia de sus víctimas y la alevosía de sus actos lo convirtieron en el más temido de su tiempo, pero su misteriosa personalidad y la tela de dudas que cubrió los acontecimientos en los que estuvo envuelto, hicieron de él uno de los criminales más atractivos de la historia, lo cual, ha dado para una infinidad de libros, reportajes y tesis de prueba en diversas universidades. Una de las obras más importantes que se han escrito sobre su vida pertenece al periodista Abraham Hirmas, "Emile Dubois, un genio del crimen", editada por Zig Zag en 1967. A ella se suma la novela de Manns, "La vida privada de Emile Dubois".

Su historia se remontan a principios del siglo XX, Valparaíso era el puerto más importante del Pacífico sur. El gran apogeo económico que vivía la ciudad porteña la hizo popular como destino de muchos extranjeros que buscaban una mejor vida.
Así llegaron muchos inmigrantes europeos, entre ellos Dubois, un francés errante que había vivido en distintos países latinoamericanos. Se lo describe como “de estatura mediana y contextura bien organizada. Bigote y perilla rubia y peinada hacia atrás. Su mirada y frente denotan altivez y audacia, pedía dinero prestado, valiéndose de mentiras más o menos hábiles a muchas personas, y había adquirido entre no pocos la fama de petardista. En el puerto se hizo conocido por su carisma revolucionario y su amor por las mujeres.

A pesar de ser inculpado de asesinar a muchas personas, fueron muy pocas las ocasiones que se pudo probar alguno; los asesinatos ocurrían durante 1904 y 1906, que poseía la característica que eran extranjeros y muy connotados hombres de sociedad; entre ellos destacan: Ernesto Lafontaine, comerciante francés; Gustavo Titius, empresario alemán; Isidoro Challe, comerciante francés; y Reinaldo Tillmans, comerciante inglés;

Sin embargo, los crímenes por los que se responsabilizó a Emilio o Emile Dubois, ya que nunca se confesó culpable, ni se comprobó su participación en todas las muertes, pero la excepción, fue el primer hombre nombrado anteriormente, un connotado de la época, don Ernesto Lafontaine, que también tiene la particularidad que fue cometido en Santiago, a diferencia de los demás que tenían como sede a la joya del pacífico. Ocurrió en marzo de 1905 en su oficina de calle Huérfanos; el del comerciante Reinaldo Tillmanns, el 4 de septiembre del mismo año; el del ciudadano alemán Gustavo Titius, el 14 de octubre de 1905; y el del francés Isidoro Challe, dueño de una tienda en calle Condell, el 14 de octubre de 1906. Pero fue un acto fallido el que hizo caer a Dubois en manos de la justicia.

Una tarde de 2 de junio de 1906, como a las 18.30 horas, se encontraba en su estudio el dentista norteamericano Charles Davies, ubicado en la plaza Aníbal Pinto, cuando escuchó ruidos extraños en la puerta de calle, sorprendiendo a un individuo que trataba de ingresar. Increpado por Davies, el hombre negó tener malas intenciones, pero cuando conversaban, Dubois extrajo un garrote de goma y le asestó un golpe en la cabeza. Sin embargo, esto no abatió al corpulento dentista, quien comenzó a dar fuertes gritos de auxilio, lo que motivó la concurrencia de varias personas, pero el atacante se dio a la fuga.

Escapó raudamente por la calle Melgarejo, perseguido por transeúntes y un guardián de facción en la plaza Aníbal Pinto, quienes gritaban "¡al pillo, al pillo!". Frente al pasaje 6, fue tomado por el guardián. Sin embargo, logró zafarse y siguió su carrera hasta Errázuriz, donde finalmente fue capturado.

El aprehendido declaró ser Emilio Dubois Morales, “injeniero en minas” nótese la ‘j’, estilo ortográfico de la época, quien de inmediato fue vinculado con la saga de asesinatos y se puso a disposición de la justicia.

Su verdadera identidad nunca estuvo del todo clara, decía a veces que era colombiano de padres franceses, y otras, se identificaba como un ciudadano francés llamado Luis Amadeo Brihier Lacroix, hijo de José Brihier y María Lacroix.

Según cronistas de la época, las victimas de Dubois eran usureros, por lo que el pueblo lo tildó como una especie de Robin Hood criollo, considerando estos asesinatos como actos de justicia del proletariado frente a la burguesía. Pero más allá de la connotación social de sus victima, que pudo haber dado aún mayor realce a los actos atribuidos a Dubois, hubo un factor determinante en la consecución de su popularidad y en el hecho de que hoy sea uno de los asesinos más famosos de la historia criminal porteña, y por qué no decirlo, nacional, éste es por su atractiva personalidad, la cual queda en evidencia en las muchísimas crónicas que se escribieron a su respecto y las declaraciones dadas por él mismo, publicadas en esos años por el diario El Mercurio. De un momento a otro, el caso del asesino francés se vuelve el más importante para la prensa de la época y su juicio se convierte en el espectáculo del año.Luego de varios meses y un intento de fuga, Dubois, quien hasta el último minuto aseguró su inocencia, es declarado culpable y sentenciado a pena de muerte.La acuciosa investigación de la policía y del juez Santiago Santa Cruz, y la evidencia reunida, motivaron la pena capital para Dubois, después de lo ocurrido por el terremoto de agosto de 1906, la opinión pública se olvida un tanto del caso. El fusilamiento se llevó a cabo en las primeras horas del 26 de marzo de 1907, en la herrería de la cárcel de Valparaíso, en medio de la expectación del público, de los propios presos y de la prensa.
Cuando enfrentó a los fusileros, se negó, con una presencia de ánimo a toda prueba, que le vendaran los ojos, y luego pronunció un tranquilo discurso a los presentes, terminando con la palabra, en tono de orden: ¡Ejecutad! El día anterior se había casado en la cárcel con su conviviente Ursula Morales, que no escatimó esfuerzos para lograr el perdón o indulto de Dubois. En el mismo acto reconoció a su pequeño hijo.

Posteriormente, sus restos fueron sepultados en algún lugar del cementerio de Playa Ancha. En el sitio en que la tradición dice que están sus restos, se ha iniciado, desde hace muchos años, una veneración por Dubois, y son innumerables las placas y testimonios de los favores concedidos por la animita.

De esta forma, un personaje que durante toda su vida delinquió a personajes destacados en la sociedad de aquellos años en que el puerto de Valparaíso tuvo un gran apogeo se convirtió en una leyenda e incluso elevada su imagen a una suerte de santo popular de la ciudad porteña y se torno en una especie de héroe para aquellos delincuentes de hoy en día.