22 noviembre 2009

Con la mano o con la boca.

Publicado por Grupo Asobe

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Ateos-Concepción



El Sur publicó hoy una deliciosa carta, firmada por una señora con nombre de cosmológicas reminiscencias: Eva Catalán. En ella, la poseedora de tan catastrófico nombre (si hemos de hacerle caso al génesis) se queja de un evento igualmente catastrófico: que los buenos curitas, “abusando” de quién sabe qué demonios, dan a los fieles la comunión con la mano. En español, se queja porque un señor vestido de sotana (pero biológicamente igual a usted y yo, y seguramente más presionado que usted y yo por no poder dar rienda a las naturales pasiones del hombre) le da a comer a sus fieles un pedacito de pan tipo galleta en la mano, en vez de entregárselo en la boca. Así, dice Eva, “se ha disminuido el sentido de lo sagrado, al someter lo santo a los sentidos (el tacto), al humanizar lo divino, al naturalizar lo sobrenatural”.
Eva evidentemente olvida que las hostias son unos pedacitos de masa que fabrican (por lo general) algunas ninfas que han elegido quedarse aisladas del mundo y que las arman con lo mismo que se fabrica el pan, las galletas o cualquier otra cosa. Los ingredientes son los mismos y las manos que los reúnen son las mismas que en cualquier lado: moléculas con forma de hueso, tejidos, tendones, piel y uñas. Vamos a suponer que las manos de las monjitas están limpiecitas, pero eso igual no las salva de los millones de microbios que todos los cochinos entes que habitamos este planeta llevamos por todas partes, especialmente debajo de las uñas.
Pero no importa. A Eva lo que le hace tiritar su costilla regalona es que (fíjense en el razonamiento) la hostia es algo “santo” y dicha divinidad se disminuye al tocarla con la mano. Ergo, presumo que la boca sí es santa. Ya sabemos que creyente no soy, pero si hemos de atribuirle santidad a alguna parte del cuerpo humano, nos quedaremos cortos. Tanto boca como manos son partes fundamentales del cuerpo y cumplen múltiples funciones, entre ellas, las relacionadas al placer sexual. No sé si Eva se refiere a ello (y por eso prefiere la boca), pero lo claro es que me parece una discriminación un tanto grosera.
En lo que sí estamos de acuerdo es en la frase final de Evita: que todo este cahuín que ella expone es sobrenatural, lo mismo que las creencias de los mayas, los antiguos griegos, los mapuches, Nostradamus, el ovni de la secta de Heaven`s Gate y hasta la estatua del señor Woityla que pretendían chantar en medio de Santiago.